viernes, 30 de septiembre de 2011

¿Beso?



¿Beso?

La tarde me decía que la noche estaba como para lujuria. Llamé al amante de turno y lo invité como cada semana: unos tragos, algo de conversación y mucho sexo. Me produje, pues en nuestros encuentros siempre era divertido el que yo utilizara algún disfraz o me vistiera con lencería sexy. Lo recibí en mi casa, corsette y colaless negro, medias de malla, tacos de aguja. Entró, y por su cara pude entender que esa noche quería a la amiga y no la amante. Trajo comida, una botella de ron y cervezas. La mayoría de la noche se pasó entre sus interminables cuentos de tristeza,una que otra cerveza y yo pensando si en algún momento se le iba a quitar la cara de tragedia para poder atacarlo. Y se fue, a las 3 de la mañana me dio un beso en la cara y se fue.

Entre rabia y calentura y con unas cervezas en mi sistema, me recosté y encendí mi computador. Eran las 3 de la mañana ¿quién iba a estar conectado a esa hora un día en semana? Y de repente en la línea de tiempo:
       
                     Él: “Estoy aburrido...”
¡Oh por Afrodita! Sabía que vivía cerca y toda la maldad se apoderó de mí.
                     Mi respuesta: “Tengo ron, hielo y vasos, tú trae la Coca Cola, estoy aburrida también.”

Luego de un intercambio de mensajes directos, la cita estaba hecha. En tiempos de redes sociales ¿¡quién necesita el teléfono para hacer un “booty call”!? Llegó en poco tiempo, tomamos unos tragos y conversamos.

Sin advertirme se paró, me tomó entre sus brazos y me besó apasionadamente. Los dos sabíamos que no había ido a conversar. Lo conduje hasta mi pieza, donde tenía todo el plan de gozar egoístamente. No hubo queja al respecto. Besándonos lo desnudé, antes de que terminara de desvestirlo, su pene estaba completamente erecto y me invitaba a jugar. Pero esa noche, dónde el primer intento de lujuria había sido brutalmente frustrado, la maldad lujuriosa se me salía por los poros.
       
                     “Date una ducha” le dije mientras maquinaba en mi perversa cabecita.

¿Hasta dónde me dejaría llegar el caballero del “booty call? Verán, en esos días con mis amigas habíamos estado comentando el gran y famoso “beso negro” y la curiosidad me mataba. Siempre he dicho, en mi cama, después que los envueltos estén de acuerdo,TODO se vale.

Salió bañadito, olorosito y con su pene aún erecto. Ahí, de pie frente a la puerta de mi baño comencé a lamer el resto de agua que aún corría por su piel. Me encantaba mirar su cara y cómo disfrutaba cuando mi lengua rozaba por mi piel. Pequeños gemidos, me indicaron que le agradaba lo que estaba haciendo. Me alejé y de una me metí todo su pene erecto en la boca. No tracé camino, no hubo lamidas pretenciosas por zonas, todo y de una en mi boca. Jadeó mudamente. En cuclillas y frente a él, seguí con su pene en mi boca, lamiéndolo, succionándolo hasta le daba pequeños mordiscos.    
       
                             “Recuéstate”, le dije casi dándole una orden.

No esperó, se acostó y yo me subí sobre él. Me masturbaba con su rodilla, mientras lamía su cuerpo. El pensamiento del “beso negro” jamás me dejó y cómo esto era un aventura de una noche, poco o nada me importaba lo que el chico pensara de mí.

Bajé besando todo su cuerpo, besos pequeños, chupados y muy salivosos. Agarré sus testículos suavemente, cerraba sus ojos pero le pedí que me mirara. Lamí esos dos redondos y perfectos testículos, mientras lo miraba buscando una reacción. Gemía, y me miraba con una cara que combinaba el miedo con el placer. Busqué con mi lengua su NIE (si no sabe lo qué es escuche calle 13 “Fiesta de locos”) y abrió sus piernas, debí haber puesto una cara de perversidad extremadamente caliente porque lo único que me dijo fue: “¡ufff me encanta tu cara así!” Lamí toda esa área, no puedo negar que me daba miedo y asco seguir con mi lengua hasta su ano.

Con mi mano busqué un lubricador con sabor a frutillas que le encanta al “amante” cuando me hace sexo oral. Lo embarré, creo que le derramé entre sus testículos y ano la mitad del frasco. Le lamía los testículos y el NIE, y lo miré buscando aprobación para al fin darle su “beso negro”. Asintió con la cabeza, y yo obedecí: tensé mi lengua y la hice más fina y cómo si lo hubiera hecho muchas veces antes, lamí su ano.

He tenido muchos amantes y he visto miles de formas y maneras en los que ellos expresan el placer en sus caras. Diferentes intensidades, diferentes respuestas: pero este chico sobrepasó todo lo que alguna vez había experiementado. Se transformó, parecía jalea en mis “manos”. Abría sus piernas más para darme más superficie donde lamer. Me excité como una loca, podía sentir mi humedad convertirse en cascada, tenerlo así en esa posición ver como gemía y se retorcía ante mis lamidos en su ano me tenía a punto de orgasmear. 

Presionaba mi lengua contra su ano y éll se masturbaba violentamente;yo disfrutaba verlo hacer eso. Introduje un poco mi lengua en su ano repetidamente, como penetrándolo, y le introduje un poco mi dedo,paró de moverse. Hubo un gran grito, de esos sordos,que no salen de la boca y vi como su semen corría por toda su mano, que aún sostenía su erecto pene y lo exprimía para sacar cada gota de semen de él.

Tan excitada estaba que no necesité mas de dos o tres toques en mi clítoris para yo también orgasmear. Sentada allí en mi cama, mirándolo, sonreía triunfante. Me agarró por la cintura me tiro de guata a la cama y me dijo: “¿Te gustó estar en total control? Ahora me toca a mí.” Miré que su pene estaba tan o más erecto que antes, carcajeé, me dejé llevar. Pero eso ya es otra historia.


viernes, 23 de septiembre de 2011

Mi lengua es mi sensor de placer

 
Mi lengua es mi sensor de placer
 
Tengo una lengua desenfrenada, creo que tiene directa conexión con mi clítoris. Quizás eso justifique mi inclinación por bellezas distintas. No me excita la tonicidad muscular, ni alturas, ni formas. Me seducen las letras, las voces, las miradas, los dedos, y, si tienen la fortuna de besarme y su lengua me conecta, al unísono de las sensaciones en mis labios, mi boca también se humedece. Claro, que es la muy maldita la que se socarrona se deleita. Mientras mi otra boca devoradora permanece húmeda esperando que los dedos del macho se apiaden y lleguen a calmar tanto deseo.
 
En justo juiciosas papilas gustativas han sabido de aciertos, máxime cuando atrapan al macho que sabe hacer sinfonía entre mis piernas mientras me besa. En juicio justo una vez fue fallida.

Me gustaba ese hombre; pasaron meses de sutil coqueteo. Su voz en mi oreja era casi un ronroneo que alteraba la secuencia el sonido. Pocas veces no interpreté a mi antojo sus voceos, cada palabra era una provocación “quiero lamer cada pliegue de ti” “añoro beberme los néctares de esa flor carnívora que escondes” “déjame hurgar dentro de ti hasta que te desagües en mis dedos”… ¡Aja! A veces una imaginación exacerbada es una mala fortuna, lo mas probable es que el macho sólo declarará frases como “¿cuándo tiramos?” o “¡qué ganas de metértelo!” … pero, ¡Sí! necesito sentirme la consorte mas deseada del reino antes de coger como una perra.

Volviendo al macho, me encantaba descubrir como ese animal dormido se abultaba bajo su pantalón, amenazando con hacer explotar el cierre que lo aprisionaba, para fenecer hasta dejar mi boca destilando sus sabores. Dejé la maña de resistirme y sin siquiera haber atrapado el inicio de su lengua, acordamos cita.

Camino al rincón amatorio mis dedos se deslizaban sutilmente sobre esa presa que solo había visto “tras la vitrina”. Ahora cómplices podía zigzaguear bajo el cinturón, humedecer la yema de mis dedos con sus primeras humedades. Mi boca se habría furiosa de rabia, ella era la primera catadora de amantes. ¿Cómo mis dedos insolentes le privaban de sus deberes?  Y la calentura contenida no dio tregua posible,  a medio camino, se silencia el motor, desciende del auto y lentamente da media vuelta y su mano abre mi puerta. Bastó tenerle de frente para que sin mediar lenguas y palabras copuláramos como salvajes en una esquina desierta. Extasiada pero no vencida exigí llegar a puerto.

Que esa noche no usaba ropa interior ya no era sorpresa, y así, situada  frente a la cama, comencé a deslizar suavemente mi vestido dejando mis hombros a su vista. Acercó su lengua con algo de torpeza, cerré los ojos y contoneándome suavemente propiciaba dejar caer mi ropa hasta quedar desnuda para él, para  mi macho deseado. Mala sorpresa fue que sus dedos no supieron acariciar mis pezones, lejos de encenderme me provocaba ciertos dolores que fueran circundados como quien sintoniza las perillas de un viejo radio a pilas.. mal.. partía muy mal. Mientras las voces en mi cabeza repetían ¡aja! ¿y este hombre cuando al fin te besa? Y así de pie, me apostó en la pared y otra vez comenzó a penetrarme con ese enorme y delicioso bulto, que así, sin lengua sin dedos, sin olernos, sin salivas, me parecía el marrasquino abandonando la delicia del saboreo de un bizcocho de frambuesas y crema.

Le miré silenciosa… y tan sólo contados unos minutos me deslicé sin dejar de mirarle al baño. Cerré la puerta con cerrojo, saque el aparato difusor del agua desde la manguera de la ducha y dejé que el chorro tibio estimulara mi clítoris, que lamiera mis senos, que explotara en mi boca, que chocara violento en el socavón entre mis piernas… Gemí, sentí, gemí, orgasmié, gemí hasta quedar exhausta… Salí triunfante, él me esperaba desnudo sobre la cama, tome mi vestido, me senté a su lado, me observaba desorientado, le hable al oído: “Me gusta coger como maraca, pero son las putas las que no permiten que les besen la boca.” Cerré la puerta y le dejé a solas con toda su noche paga.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Ganadores #payasparalasperversas




 ¡¡Con las perversas los animao’s fueren payando, los ganadores con condones el cacho se va

Tercer lugar

@PanoramixD Panoramix
Brindo por el 18 y brindo por los amores, y pa los que son de ocasiones mejor son con condones #payaparalasperversas

 

Segundo lugar

@Kriticona CriticonaProfesional
Macho se cree el hombre cuando lo tratan de lacho, aunq la triste verdad es q apenas tiene un cacho! #payaparalasperversas

 

Primer lugar

@gegevilla Germán F. Villagrán
Quiero tomar chicha en cacho, quiero comer empaná, quiero bailar cueca brava, con una perversa encachá. #payaparalasperversas

 *5 cajas de condones lifestyle 3 unidades c/u

**retiro lo hacen en ahumada 370 oficina 602 de lunes a viernes de 11 a 17 horas**

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Quién se tira a quién?




Muchas veces los hombres hacen alarde de sus capacidades amatorias, cada vez que se habla de un posible encuentro sexual salen con frases tan chistosamente ridículas como “Si no te mato, te dejo tonta” o  “consíguete una silla de ruedas”.


El punto es que siempre consideran que son ellos quienes se llevan toda la pega y como si nosotras fuéramos simples espectadoras esperando ser llevadas a los cielos “a ver las estrellas”.


Este caso no fue distinto, planeamos un encuentro sexual y evidentemente mi galán, siguiendo la linea común de los galanes, casi me manda a elongar un mes antes para evitar contracturas por las miles de posiciones sexuales que íbamos a realizar en esa noche de sexo. No les voy a mentir, le tenía fe al chiquillo y eso, lejos de dejarme pasiva, me desafió...


¡¡¡Veremos quién se tira a quién... si el galán a la Perversa o la Perversa al galán!!!


Llegamos al motel y comenzamos a besarnos. Poco a poco fui desvistiéndolo, le sacaba una prenda a él y me sacaba una prenda mientras nos comíamos a besos.
A él lo dejé completamente desnudo, yo me quedé con mi lencería de encaje sexy que hacía ver mis pechos excitados y listos para él.


Comencé a besar y a mordisquear su cuello y sus orejas. Bajé con mi lengua por su pecho, me detuve en sus tetillas y las chupé un rato. Seguí bajando por su abdomen con mi lengua, jugué mucho rato al rededor de su pene, sin tocarlo, seguí chupando sus muslos, sus piernas, bajé hasta sus pies y volví a subir. Su excitación era evidente, sin embargo, mi juego aún continuaba.


Me fuí a su espalda, la lamí, la mordí, la besé, puse mis pechos en ella y lo masajeé, mordí suavemente su nuca, lamí su cuello, volví a su pecho y bajé hasta su pene.


A esa altura estaba completamente erecto y duro. Comencé a lamerlo, a chuparlo, mi lengua jugaba y mi boca lo devoraba, al mismo tiempo lo masturbaba, lo pasaba por mis pechos, lo lamía, él disfrutaba, gemía. Se retorcía, quería tocarme pero yo no lo dejaba, cuando noté que ya no daba más y que estaba a punto de acabar, dejé de saborear su pene y lo puse a jugar con mis pezones, estábamos tremendamente excitados. Se comía mis pechos, bajaba a mi vagina, su lengua se convirtió en la mejor amiga de mi clítoris, ¡¡¡¡qué manera de entenderse!!!!

Cuando la calentura se tornó insostenible, me subí sobre él y comencé a “poseerlo” (sí, las mujeres también los hacemos nuestros). Comencé a moverme despacito primero, después fui alternando con embestidas más fuertes, me movía en círculos, de arriba para abajo, lento, fuerte, le puse mis pechos en su boca para que los succionara. Los gemidos eran el fiel reflejo de todo el placer que estábamos sintiendo, cuando ya no dábamos más, comencé a moverme cada vez más fuerte y sin parar, hasta que acabamos, fue un orgasmo largo, rico, de esos que te dejan con un cosquilleo por todo el cuerpo cuando terminas.


Nos recostamos uno al lado del otro, hablamos, reímos y mientras estábamos en eso y recuperando fuerzas para la segunda parte yo pensaba, finalmente, ¿quién se tiró a quién?


viernes, 26 de agosto de 2011

Del moreno a la melena de leona



Diana debe ser mi nombre. Sí, Diana como la mitológica cazadora, más no por el mito acerca de su virginidad eterna, sino por su severidad y gravedad a la hora de su caza.
El día perfecto para mi caza suele ser sábados en la noche, cuando mis presas favoritas pululan por los bares de moda de la ciudad. Son ellos a su vez cazadores y buscan indefensas palomitas que se rindan ante la misma muestra de su vigorosa flecha. Son mis favoritos, los difíciles de cazar, van a cazar y no ha ser cazados.
Un sábado, no específico, AQUEL SÁBADO, desperté con las ansias de cacería a flor de piel. Tocaba mi cuerpo y sentía en mi piel el poder de mis armas. Se me erizaba la piel, se me erectaban los pezones, el clítoris latía y mis jugos sexuales mojaban mi entrepierna.
El plan era simple: después de un buen baño, me vestiría con los jeans más ajustados que tuviera y que marcaran tanto el triángulo incitador al frente, como la redondez pronunciada de mi trasero. Obvio que mi mejor arma de cacería son mis grandes, redondas tetas y un escote pronunciado sería arma que no fallaría.
Entrando al bar, podía divisar varias víctimas para la noche. Un rubio alto, vestido de traje, otro rubio vestido deportivamente, un moreno que hablaba con una chica de melena aleonada. Había uno que otro que podía ser caza menor, pero me enfoqué en esos tres.
Me gusta el reto, lo fácil es aburrido, y tan desabridos como su piel, así de fácil hubiera sido la caza de los dos rubios. Los blanquillos cayeron en mis trampas muy temprano, y aunque imperaba una presa en mi cama, la cacería lenta y candenciosa le añade chispas a la muerte de la víctima en el catre amatorio.

El moreno, no me hizo caso, toda su atención la tuvo para con la chica de la melena aleonada. Me propuse distraerlo de ella y que su atención se posara en mí. Para suerte mía, me la encontré en el baño retocando su maquillaje y conversé con ella un poco. Fue fácil el relacionarme con ella y caminamos juntas hasta el área del bar. Nos sentamos frente a la otra con el moreno justo en el medio de las dos. El moreno, dejó de ser mi presa. Nunca había tenido una experiencia lésbica en mi repertorio sexual, no me atraen las mujeres, pero ella, la leona en ese momento cambió mi percepción de qué quería en mi cama esa noche.

Conversábamos, el moreno se dio cuenta que estaba de más y partió de la mesa dejándonos el último round pago. En serio, estábamos tan entretenidas que no nos dimos cuenta de cuándo se fue.

Mi excitación sexual sobrepasaba cualquier excitación que había tenido antes. La seguridad de mi heterosexualidad, pero el querer devorarme a esta mina estaba incitando todos mis sentidos. Tomamos un trago más y le comenté que había ido de cacería sexual esa noche al bar, pero que las presas que tenía en mira me habían salido muy fáciles. Se rió nerviosa, intuí que entendió que ella se había transformado en mi presa.
¿Nos vamos? Le dije sin temor alguno al no.
Asintió con la cabeza y me dijo:
                   “nunca he estado con una mujer sexualmente.”
Sonreí y le dije:
                   “Yo tampoco”

La tomé por su nuca y la besé “un piquito” no me atreví a más. Caminamos tomadas de la mano hasta el taxi. Decidimos ir a mi departamento, en el taxi nos besamos apasionadamente. Besar su boca se sintió raro al principio, estoy acostumbrada a besar esas caras toscas, que aún afeitadas te raspan con sus pelos.

Soy agresiva en el sexo, siempre lo he sido, y no porque ella fuera mi primera experiencia lesbiana tenía que cambiar. En el taxi y en camino a mi departamento la masturbé por encima de sus jeans con mis dedos. Sus ojos me miraban casi sin pestañear, gemía casi en secreto, yo sólo la masturbaba y miraba su reacciones.

Llegamos al departamento, no puedo negar que me moría de nervios, nunca había estado con una mujer sexualmente. Ella entró al baño, estaba tan o más nerviosa que yo. Cuando salió yo había servido unas copas de vino. Nos sentamos, tomando sin hablar, sólo nos miramos. Me levanté y me senté al lado de ella. Tomó mi cara me besó. Su boca se abrió y su lengua entre abrió la mía y buscó mi lengua. Me dio tanta risa porque parecía la escena cursi de una película porno.

La tomé de la mano y la desnudé en mi pieza. Su cuerpo, no me causó calentura, era hermosa, no más que yo. Me calentaba la situación. Me calentaba el morbo asqueroso que me daba tener una mujer en mi cama con la que tendría sexo.

Nos besamos agresivamente. Me jalaba el cabello, me mordía los labios y la lengua y yo le respondía de la misma manera pues eran sugerencias mudas que me daba de qué quería que le hiciera. Sus labios en mis pezones comenzaron suavemente, entre succiones y lamidos supo exactamente llegar a la presión que necesito en ellos para hacerme orgasmear. Grité, sí, como grito cuando mi macho penetra y me hace acabar con su primer movimiento.
Me besaba el cuello, el área que separa mis tetas, mi barriga. Yo sentía como mi entrepierna se mojaba y mi clítoris latía, quería sentir su lengua succionándolo de la misma manera que lo hizo en mis pezones. Redondeó mi entrepierna, le agarré la cabeza y la moví sobre mi pelvis y le ordené: “Cómete mi clítoris, estoy por reventar y quiero sentir cómo te lo comes”.
Aceptó, me lamió desde el culo hasta el clítoris, apretaba su lengua en mi clítoris. “Chúpalo”, le ordené. Lo tomó entre sus labios, y mientras me metía los dedos en mi vagina, succionaba mi clítoris. Era imposible no tener otro orgasmo, sentí como mis paredes vaginales se contorsionaban y la hinchazón de mi clítoris era casi dolorosa. Se alejó, nos besamos saboreando ambas mis sabores.
La removí de encima, sin dejar de besarla y acariciarla. La recosté en mi cama sobre mi almohada y busqué uno de mis juguetes. Lo limpié y antes de ponerle lubricación ella me tomó la mano y la puso sobre su entrepierna que borboteaba con sus líquidos. “No creo que necesites eso” me dijo gimiendo y pidiendo que la penetrara con mi juguete. Así lo hice, como lo hago cuando estoy yo jugando a la sola. Le abrí los labios de su jugosa zorra, y puse el vibrador en el movimiento más rápido sobre su clítoris, mientras los movía suavemente hacia arriba y abajo. Ella gritaba “Mételo, mételo de una” y me hacía recordar cómo yo le pido a mis machos la misma cosa cuando estoy lista para la penetración.
La noche de cacería había sido muy fructífera: la conversación entretenidísima, el cortejeo ufff me mojaba los calzones de lo intenso que fue, y fue muy satisfactorio sexualmente. Ella, la chica de la melena aleonada se fue, no durmió en mi casa, ninguna de mis presas lo hacen y ella era una presa más. Nos despedimos con un piquito y la caminé hasta mi puerta.
Nunca más nos vimos , una vez volví al bar donde la había conocido, quizás para saber si era capaz de tener otra noche sexual con ella. Nunca la encontré. Y ahora ya ni recuerdo su cara. El momento fue sólo ese, mi obsesión de AQUEL SÁBADO y no perder al moreno frente a la chica del cabello aleonado que me hacía competencia, hizo que la viera a ella apetitosa, lista para el caldero de sexo que es mi cama. Se convirtió de mi competencia a mi víctima, y final de cuentas creo que fue mejor presa que el moreno, que salió corriendo tan pronto se sintió menospreciado.
Nunca otra mujer me ha llamado la atención así. Creo que ese fue mi debut y despedida. Me gustan demasiado los machos, y a pesar de que los orgasmos lesbianos fueron geniales, aún prefiero el orgasmo que me da el pene erecto del lover dentro de mí.

#LasPerversas

viernes, 19 de agosto de 2011

Mi juguete... mi placer sin amor.

Mi juguete... mi placer sin amor.



Cuando tenía 19 años salía con un tipo un poco mayor, un par de años, nada terrible ni llamativo. El joven tenía ciertas particularidades en la cama, no era malo, pero... no sé... raro...

Era de esos tipos que aún no te daban el beso y te agarraban una pechuga... pero no cualquier agarradita... juro que un par de veces le dije: “las weás están pegadas weón!!! y duelen!!!!” ¡Uf! cada vez que me hacía eso me daban una ganas de agarrarle un coco para que viera lo que se sentía.

La cosa es que una vez, entre trago y trago y al calor de la sinceridad, le confidencié que no me sentía muy... satisfecha... con el tema seZZual. Me abrió unos ojos que casi me morí “trágame tierra, cagué con los polvos” era todo lo que pensaba en ese momento. Incómodo se paró, me mira y me dice... no te preocupes, hagamos algo para mejorar esto.

- MIJITO RICO!!!

¿Cuántos hombres están dispuestos a innovar para que la mina sea feliz? él... ¡¡¡riiiico!!!

Estamos hablando de hace muchos años, así es que la oferta no era como ahora, donde ¡¡¡¿quién no ha ido a un sex shop?!!!! Así es que llega con un aerosol que se supone mantenía la erección por más rato. Perdón...me acuerdo y me da una risa!... voy a hacerle sexo oral y se me durmió la boca jajaja era como si hubiera salido del dentista! no podía hacer nada... estaba mal... jajajaja... jajaja... no, no fue por el asunto cama (solamente) que terminamos, pero hasta allí quedó la experimentación. Lo único que me generó fue trauma para seguir experimentando.

Eso hasta el año pasado, donde comencé a encamarme con un tipo que en serio no tenía prejuicios para jugar. Hay que ser muy re seguro para que no te sientas amenazado por nada... eso me encantaba de él... lo lúdico que era cada encuentro.

Bueno! la cosa es que ahí me lancé al mundo de los sex shop, vitrineo, miro, busco, voy probando. Porque, ojo!!! no es cosa de llegar y comprar. Una tiene que saber si te gusta un ¿consolador o un vibrador? no es lo mismo, el vibrador es mucho más práctico porque no llego fácilmente al orgasmo sólo con la estocada. ¿De cuántos centímetros? porque la verdad es que muy grande me cuesta introducírmelo, la cuestión es sola sin la presión y el martilleo de un cuerpo masculino bajo, encima o al lado y una se incomoda más sola. ¿De qué material? ... cresta! no se pueden imaginar lo difícil que es decidir. Si ¿es con forma o más bien liso como un plátano? a mi me gusta más semejante a un pene pues tiene que ver con el roce.

Ahora, eso es sólo para un consolador o vibrador... hay tantas cosas entretenidas. Tengo una bonita colección de esposas de peluche (regaladas), plumas, anillos vibradores (hablo en plural porque tengo más de uno) y un gel intensificador para la mujer que se pone en los labios vaginales y los alegra (#LasPerversas estamos en contra de la depresión de labios vaginales o DLV).

El problema es que si una saca el juguete se transforma en una puta en la cama y no en el sentido que les gusta a los hombres. Supongo que se preguntan con cuántos te has acostado para descubrir la maravilla del juguete bien usado (sola o de a dos). Supongo que les baja la inseguridad: si has tenido varios amantes, ¿soy el mejor? Supongo que no saben compartir el placer de la mujer con otro (hombre o cosa).

Lo que sí no he hecho es estar con mi juguete (tiene nombre pero no les contaré cuál) y un hombre en la cama. No lo quiero compartir... no estoy hablando del hombre, sino de mi vibrador... al tipo lo puedo compartir... pero no en la misma cama en un trío... por ahora. Es mio, de nadie más, me sacia en mis momentos de soledad, en mi calentura de un relato, en la fogosidad de una escena de sexo, cuando mis dedos se vuelven un poco locos y comienzan a jugar sin que yo se los ordene.

Es mio, sólo mio... pero es porque me sirve, me consuela, me hurguetea... no me siento tan sola, puedo jugar más entre la penetración y el movimiento acompasado masajeando mi clítoris. Me uso, me busco, me encuentro... me conozco. Sé que si no es con clítoris no puedo orgasmear. Sé que necesito de determinados movimientos y por ello para terminar me encaramo en el pobre macho que quiera estar en mi cama.

Para pedir en la cama tengo que saber qué pedir, no sólo decir no me gusta... no entiendo a las mujeres que no se tocan, que no se exploran en busca de los lugares y movimientos que mejor te hagan llegar al tan esperado y exquisito orgasmo. No hablo de masturbarse para orgasmear, hablo de conocerse en la intimidad y los juguetes AYUDAN.

Me gustan porque incrementan mis sensaciones, puedo sentir el fuego, el hielo, la vibración en mi. Me gustan porque para calentarme más puedo parar el juguete y no así un hombre (anda a decirle que se espere un par de minutos porque quieres oír y sentir tu cuerpo caliente un momento). Me gustan porque... porque yo los manejo a mi antojo.

Pero no se confundan, no cambio un roce, un quejido, un soplo en la oreja, un mordisco, un nalgazo, una lengua, un diente, un dedo, el calor de la piel, el jaloneo del pelo, una uña en la espalda... no cambio nada por todo ello, porque sentir a otro cuerpo con el tuyo, apretándote, sintiéndote, acompasándote en tus movimientos y en tu necesidad, no tiene parangón posible... y un buen miembro erecto que acompañe todo eso es un placer y manjar de dioses.



#LasPerversas