viernes, 26 de abril de 2013

No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que suena cascabel...


La primera vez que lo vi, fue en una hoja de esos periódicos de circulación nacional. Aparecía de cuando en vez en la televisión abierta, exageraría mis pretensiones si dijera que era el muso inspirador de mis juegos de entrepierna, pero más de alguna vez imaginé que lo arrancaba de la pantalla y me montaba sobre él sin mediar palabras. La disimilitud de espacios que circundábamos, hacía impensable concretar mi fantasía sexual con “El Periodista”. 

 Twitter, bendita red! en segunda vuelta, volví para quedarme, para esos días, apenas novata comencé a seguirlo, pasaban sus tuits por mis ojos, más temprano que tarde, lo pillé de madrugada, entablamos un escuálido flirteo y comenzó a ser uno de mis seguidores. Trabajé minuciosamente su entusiasmo, casi imperceptible pero presente, por ahí me enteré éramos vecinos de barrio, una noche sin darle más rodeos acordamos juntarnos en 15 minutos en su departamento. 

 El acuerdo era sin ropa interior y sin palabras, antes de partir, me di una ducha rápida, me lamí los dedos y delinee los contornos de mi vulva, uno a uno fui introduciendo los dedos de mi mano, me friccionaba sobre ellos conteniendo el deseo de explotar, dulce deleite el agónico orgasmo atrapado…mientras me propiciaba solitaria el preámbulo, más me calentaba el impaciente llamado del hombre de copula pasajera; 

 -Ya saliste? –Dónde vienes? –Pero estás en camino? –Bajo a buscarte? 

 Me subí al taxi y le señalé las coordenadas al conductor, mientras me observaba receloso por el retrovisor, quizás olía a mujer ganosa, no lo se. Pregunté al conserje por él, inmediatamente lo vi avanzando hacia mi, era la primera vez que estábamos frente a frente, cruzamos tres o cuatro palabras poco interesantes, cuando sólo se busca apaciguar el deseo de la carne, no creo sea necesaria tanta parafernalia que más que adorno, pasa a entorpecer la culminación del merecido premio al esfuerzo. 

 En el ascensor, mientras intercambiamos una que otra mirada, sonreímos, sentía entre mis piernas los fluidos escapando de mi vulva hinchándose, palpitando, demasiado descubierta, salando con esa humedad ardiente mis muslos, deslicé mis dedos sobre mi ingle, restregué una pierna sobre la otra, me mordí la lengua para atajar los quejidos, deseaba en ese mismo momento que su verga erguida me habitara con fuerza, que su lengua jugosa lamiera mis pezones, que introdujera su lengua en mi boca amenazando con privarme de respiración, que eyaculara furioso sobre mi vientre…pero nada…llegamos a su piso entre las mismas una que otra mirada secuaz. 

Entramos en su departamento, apenas hubo tiempo de observar, tomó mi mano y me condujo a su cama, nos besamos furiosamente, inmediatamente me subí sobre él buscando los orgasmos que había contenido a propósito, me movía furiosamente montada sobre él, busque mi ritmo, sentía su pene durísimo dentro mío, el gemía me acariciaba los senos, me mordía los pezones, me atrapaba las caderas con sus manos gruesas, apresurado eyaculó, y para mi desencanto no llegué ni al primer orgasmo, nos besamos, quede tendida sobre la cama, bueno, pensé, es sólo el comienzo, ahora me desquito, para mi sorpresa, se levantó al baño y mientras llegaba al otro extremo de la habitación me pregunta; 

- Te voy a dejar? 
- Cómo? Me estás diciendo que esto es todo? 

Me respondió que ese había sido el juego acordado, que en un par de horas su pareja terminaba su turno de noche y llegaría al departamento. No abrí la boca, me vestí lentamente, no había ni un sólo miserable orgasmo que me salvara la noche, me dijo -te dejaré en el taxi, seguí silenciosa, no medié palabra alguna. Me miraba y a mi desaprobación respondía con una mirada lánguida, 

-Pero si fue lo que acordamos, sexo sin rodeos 
-Lo que acordamos fue sexo sin rodeos para placer de los dos, no una muñeca inflable 

 En un acto de “altruismo” estiró su mano y me ofreció un billete para pagar el vehículo; 

-Guárdalo, si te cobrara por el servicio te saldría harto más caro. 

Cuando paró el taxi, escupí al suelo, lo miré con desaprobación, y me despedí 

-No calientas a nadie

A medida que lo seguía leyendo en twitter, mi enojo se fue esfumando, aún esa madrugada le reproché contrariada; si me calentaba, pero como deseo clandestino, quizás idealizado...después de todo, quien la manda a una conferir vestiduras de toro al buey?. Nos hemos vuelto a encontrar; él o yo, una que otra vez implícitamente hemos apelado a una suerte de “lealtad de conciencia” y “compromiso de causa”, he de reconocer que se ha portado a la altura. 

Las pocas veces que he revelado la aventura y su nombre; voy cerrando la confesión con un “Según mi experiencia, como periodista siempre intentando “surfear” en el ojo del huracán lo hace mejor que como macho de noche casual”...pero al final entre la vulva media seca o media húmeda, voy por la segunda, rescato la cuenta alegre; me metí en su cama, me cumplí el deseo y a rey montado calzones puestos. 

Libro perverso, como ya es sabido, 
tiene de los coitos buenos, de los malos 
y de los incontables (por ahora).

viernes, 19 de abril de 2013

Adictiva amistad



La cosa de la química es extraña. Puede darse la primera vez que te ves con un hombre o puede darse en cualquier momento. No hay reglas. No hay luces. Sólo lo sientes… en tus pezones, en tu entrepierna, en tus mejillas, en tus manos. Sientes cómo se mojan tus calzones, como tus tetas amenazan con escaparse de tus sostenes…


Nos conocíamos hace tiempo, más jamás habíamos conectado. De un día para otro comenzamos a hablar y mucho y descubrimos que teníamos muchas cosas en común. Nuestras conversaciones cambiaban de objeto desde política a pelambres en general y a sexo: cómo te gusta? Haces tal cosa? Me encanta que me hagan esto… la imaginación corría a mil y nos quedábamos hasta altas horas de la noche envueltos en una especie de libro, donde la descripción lo era todo.

Nos demoramos mucho, quizás demasiado. El tiempo siempre ha sido un problema. No es que estemos a destiempo, es que el juego es entretenido. Nos juntamos en un bar, tomamos una botella de vino, pedimos una tabla… conversamos, conversamos y nos reímos. Otra botella y ya sentía los efectos en mi entrepierna, quejumbrosa, mojada. El vino me calienta, me prende; tiene conexión directa con mi entrepierna y cuando lo bebo, siento cómo me mojo y me excito. Se cambió de lugar, se puso a mi lado, me tomó y me besó. Apasionadamente. Fuertemente… “vámonos a mi departamento”.

Tomamos un taxi, es pudoroso, pensé que me iba a tocar, agarrar, saborear, algo, mientras llegábamos. Nada. Entramos a su departamento y me puso en la muralla, de espaldas a él. Sentí su erección arrancando de su pantalón. Sus manos se alocaron y comenzó a tocarme, a conocerme, a medirme, a sentirme.

Nos lanzamos en su cama y nos desvestimos con prisa. El tiempo ya lo era todo y la desesperación se apoderaba de nuestras manos. Le saqué el pantalón a tirones y le agarré el pene con fuerza. Era de considerable tamaño (raramente jamás nos mandamos fotos, quizás por el pudor de ya conocernos, por lo que era “el momento de la verdad”), nada mal! Mi boca y mis manos hicieron su trabajo. Mi lengua escalaba su miembro cual Everest, sin perderse ningún lugar. Mis manos y mi lengua recorrieron desde los testículos al glande. Jadeaba. Veía su cara de placer. Tengo una fijación con ver la cara de mi amante cuando le hago sexo oral, es de las cosas que más me prenden y me calientan. Mientras el pene está en tu boca o tus manos, eres dueña del momento.

Escalé al macho cuál animal en celo. Llegué a su boca y metí mi lengua con desesperación. Quedé sobre él, a disposición para el primer embiste. Llevaba varios meses sin tirar, pero mi cuerpo se amoldó a la perfección. Se puso arriba, me tomaba las piernas para dar mayor profundidad. Estuvimos largo rato, él me embestía y me chupaba los pezones. Yo lo besaba, le mordía la oreja, le rasguñaba la espalda. Ponía una de mis piernas en su espalda por la cintura y la otra yo la bajaba en perfecto horizontal a mi cuerpo para que su pene entrara con mayor fricción en mi vagina. Se salía y me hacía sexo oral… su lengua… su lengua era maravillosa en mi clítoris. Me hacía llegar rápidamente al orgasmo y volvía a embestirme. Eyaculaba y quedaba encima de mí. Me gusta sentir el peso del macho que me acabo de tirar, me gusta sentirlo adentro por un rato luego que acaba.

Descansábamos y volvíamos a la carga. Me dio vuelta y de mi escuchó un “mételo dónde quieras”. Su erección se abrió camino en mi culo, mientras me levantaba un poco por las caderas. Una de mis manos fue a apoyarse en el respaldo de la cama y otra en mi clítoris. Fuerte, fuerte, lento, lento. Su ritmo nos hizo acabar con violencia mientras su cama golpeteaba contra la pared.

No me dejó, mi pobre clítoris no quería más guerra pero a él no me importó. Me dio vuelta nuevamente y me dejó acostada de espaldas en la cama, mirando hacia arriba. Se puso entre mis piernas y con un dedo comenzó a masturbarme mientras su lengua nuevamente se apoderaba de mi deseo. Dos dedos. Entraban y salían. Sin violencia. Sin prisa. Me hizo disfrutar. Un grito ahogado, que más se pareció a un quejido, se escapó de mi garganta. Estaba agotada. Él también.

No dormimos… quizás sí dormitamos… no lo sé… perdí la noción del tiempo.
Hicimos de todo… nos tocamos por cada rincón… nos reconocimos lunares… nos besamos completos… los olores propios del sexo y del otro nos intoxicaron, los sabores en nuestros labios. Mis pezones fueron de él. Su pene mío. Su espalda quedó con mis uñas.

Un café, una conversación intrascendente, un hasta luego. Me vestí. Me fui. Tan amigos como siempre. Vuelta al coqueteo solapado. Al leer entre líneas. Al decir sin decir.

Mi conclusión: adictivo. No repetible.

Mucho tiempo después lo repetimos, nuestras palabras nos alcanzaron. Con más prisa. Sin más preámbulo que un café y una conversación. Mentiría si no dijera que quiero volver a tirármelo. Quizás en un tiempo más. Cuando tengamos suficiente preámbulo, porque el juego y la coquetería es parte de nuestra interacción.

#LasPerversas
@maladeadentro @ele_enletras @sita_Marilyn

viernes, 12 de abril de 2013

RUTINA?? PLACER!!



Nos conocimos de la manera más extraña y poco convencional, en que dos personas se pueden conocer... Esa vez no se me pasó ni por la mente, que terminaría acostándome con él. Nos hicimos buenos amigos, conversábamos nuestras cosas y salíamos a menudo a almorzar, siempre íbamos al mismo lugar, a Marín con Vicuña, ya sé que al igual que #LasPerversas, cada vez que me llamaban y les decía que estaba en ese lugar, exclamarán:

¡Cochina! (irónica y risueñamente), andai almorzando pollito al velador!

Pero no, íbamos a los chinos, esos que quedan en toda la esquina, en el segundo piso. 

Siempre teníamos la misma rutina, acordábamos almorzar, yo lo pasaba a buscar, nos íbamos a los chinos, pedíamos el mismo menú y conversábamos: de su matrimonio y mis aventuras; de su separación y de mis desventuras; de sus aventuras como hombre separado y mis nuevas aventuras y desventuras... y así hasta que un día me habló del blog:

-Leí el blog que tienes con tus amigas, te identifiqué perfecto en una de las historias

Yo respeté el acuerdo pactado y respondí lo que siempre respondemos: 

- No te puedo decir nada sobre quién protagoniza cada historia, eso lo sabemos sólo nosotras y nunca lo revelaremos.

Me respondió que no me estaba preguntando, que no era necesario, que tenía la certeza de que era yo y que había podido imaginarme completamente en la historia, le pregunté a qué historia se refería y sí, era mía, pero yo disimulé, sin embargo me sentí casi desnuda, era como si yo estuviera en la escena en ese mismo momento y él estuviera de espectador... creo que fue ahí cuando vi que apareció un brillo en sus ojos, casi justito al mismo tiempo en que apareció un brillo en los míos, y de todas las veces que fuimos a almorzar a ese lugar, fue la primera vez que recordé que en el sector hay más moteles que personas circulando. 

En buen Chileno, ese día, y por primera vez, nos despedimos con los colmillos enteramente asomados! Una tarde estábamos chateando y me invitó a pasar la noche en su casa, es un hombre guapo y muy dulce conmigo, así que me aproveché de esa dulzura, condicionando mi ida a los muchos regaloneos que exigiría esa noche, por supuesto que aceptó, la verdad es que no ha sido una vez, han sido varias las veces que se ha repetido mi ida a su casa y curiosamente, todas las veces que he ido, han sido parecidas a las otras.

¿Rutina? puede ser, siempre he sido una convencida de que en el sexo hay que innovar, probar cosas nuevas, inventar, imaginar, crear y voy por la vida muy convencida y practicante de mi discurso, sin embargo debo reconocer que cuando la calentura te atrapa de tal forma en que me atrapa cuando estoy con él, no hay tiempo de pensar en innovar nada. 

Siempre es igual, llego a su casa, no tenemos apuro, bebemos algo rico, conversamos, reímos y poco a poco nuestras miradas comienzan a insinuarse, besos suaves que se vuelven rápidamente apasionados, un sillón que nos recibe y se hace parte de nuestra respiración agitada, nuestras manos que buscan apuradas y nuestras bocas que besan desesperadas, la mitad de nuestras ropas quedan esparcidas en ese sillón, luego a tientas, sin dejar de besarnos y tocarnos, hacemos el recorrido por el pasillo hasta su dormitorio, yo beso su cuello, él me masturba, él besa mis pechos, yo lo masturbo, él me pide que pare, jadeante, excitado, exquisito, insiste en que pare, se aleja para poder contenerse... nuestras bocas otra vez se apoderan la una de la otra, ya sin ropa sobre su cama, el apuro se transforma en urgencia, yo sobre él mirando su cara de placer cada vez que entra en mi, sintiendo sus gemidos más intensos al ritmo de mis sube y baja, mis pechos buscando su lengua, mis pezones se erectan al contacto de su humedad, nuevamente besos apasionados, sus jadeos se hacen mios y los míos se hacen suyos, prontamente un orgasmo, rico, apurado, disfrutado, esperado.

Me recuesto a su lado, su brazo fuerte y musculoso se estira por debajo de mi cabeza para que me acomode en su pecho, conversamos, reímos, nos contamos cosas, sin apuro, con mucha calma vamos hablando de lo que se nos ocurra, no hay mentiras, sólo libertades, así que se puede hablar de lo que sea, no hay temores a las preguntas ni a las respuestas, la vida vuelve a pasar lentamente, hasta que en medio de la charla, un pequeño gesto o algún roce, nos vuelve a apurar, otra vez nuestras bocas se buscan, la pasión insiste en su imperiosa necesidad de hacerse presente y allá vamos otra vez, yo tocándolo y sus dedos coqueteandole a mi clítoris, yo sobre él o él sobre mi, hasta encontrar nuestro rápido orgasmo... y la escena se nos repite una... dos... tres... hasta cuatro veces por noche!!!. Luego su brazo se estira, mi cabeza se acomoda en su pecho, el último beso, un “buenas noches” y el merecido descanso.

Al despertar sigo cobrando mis condicionados regaloneos, besos, conversación, pasión apurada y... allá vamos de nuevo!!! Luego me prepara el desayuno, pone alguna película que quiere que veamos juntos, me baño, me visto, un beso y adiós... Hemos hablado de hacer cosas distintas, de probar algo nuevo, tenemos pendiente una fantasía que le confesé en medio de nuestras charlas y que está dispuesto a que cumplamos, de todos modos.


El rompió mi discurso anti rutina, finalmente no hay recetas para disfrutar del sexo, si logras tirar 4 y hasta 5 veces por noche con un hombre y lo pasas igual de rico en cada una de esas veces, por muy parecidas que sean todas ellas, es porque definitivamente no hay recetas... Todo está en una y en la complicidad que generas con la otra persona, reconozco que me encanta andar pensando en cosas nuevas, pero también debo admitir, que después de todo, harto rica que puede resultar la rutina!!!


#LasPerversas
@maladeadentro @ele_enletras @sita_marilyn 

viernes, 5 de abril de 2013

TENTACIÓN EN DO MENOR

Tengo una fascinación con el piano, apurada puedo levantar la tapa y rozar los dedos en las negras y blancas, más de eso, no sé, hace un tiempo muy lejano ya, me encapriché con un hombre al piano.
Inmediatamente cuando lo conocí, me enardeció en deseo una fantasía: lamer su sexo erecto mientras sus dedos acariciaban oscuras teclas en do sostenido… no era más que eso, un inusitado capricho. 

Era su boca gruesa, la deseaba furiosa contra mi boca, vagando entre mis piernas y más.  En cada usual café mi lengua se inquietaba, y era mi boca la que celaba su permanencia tras la jaula que improvisaban mis dientes, a ratos... se escurría asomándose para delinear mis labios, mientras me colgaba de sus ojos y disimuladamente cruzaba mis piernas para atrapar la fiebre que escapaba de mi vulva. 

Recreaba la escena una y otra vez, él acariciando los acordes para las venusinas, mientras sigilosa me deslizaba bajo su clavicordio, lamiendo sus pantorrillas, friccionando mis mejillas entre sus muslos, volviendo sobre sus rodillas mientras mis dedos escarbaban bajo el cierre de su pantalón. Él no era ajeno a mis fiebres, muchas veces nuestras charlas desembocaron en los apetitos acallados, en el deseo, en evocaciones febriles, en los orgasmos ermitaños con nuestros nombres en la piel y en los dedos. 

 - No sabes las veces que me he masturbado pensando en ti. 

Fue un juego extraño, estaba convencida que era recíproca prudencia la que nos impedía terminar acalorados friccionándonos entre sábanas. Ineludiblemente rematamos nuestras confesiones con el mismo diálogo: 

- Sabes que no hemos tirado porque yo no he querido, verdad?
- Lo sé, con tu experiencia ya me tendrías en tu cama. 
- Si pretendiera algo más contigo, no me detendría. 

Al tiempo comprendí porqué me debatía en la libidinosa ansia de copular y en dejarlo en la ensoñación de lo platónico. Me atraía sexualmente, me seguía imaginando sujeta a esa boca gruesa que la quería mordiendo mis pezones, liberando la lengua para delinear mis areolas, humedeciendo mi torso sudado a horcajadas sobre su miembro erecto, penetrandome bestiamente, mientras sus dedos maestros en arrancar matices suaves y fuertes, desataran mis quejidos en su oído. 

Me excitaba más aún el capricho contenido que explotaba cuando me masturbaba recreando diálogos mientras mi dedo “en gancho” rozaba mi clítoris y la rugosidad más atrás de mis labios pulsando. Era como la leona que buscaba un macho de melena para copular. 

Mi instinto sexual y de cazadora me mantenía expectante. Sin embargo, sabedora que la presa se escurre por temerosa, se vuelve presa fácil y me deja como una gata aburrida de la madeja de lana que no se desliza sin estímulo. Su inexperiencia me volvía al centro, para qué? no descubrí la pólvora al razonar que una vulva y el maduro encanto pude dejar a los pies al novicio. 

El sexo por sexo no merece entrampar, él era solo eso, un capricho al cual doblegar entre mis piernas. A ratos me perdía, a ratos bastaba un arañazo para azuzar otra vez su avidez de concretar nuestro embaucado secreto. Hablábamos de sus temores, del capricho mutuo, de la imposibilidad de detener los encuentros, apaciguamos las dudas acordando que el juego sería hasta que saciado el deseo, uno de los dos desistiera. 

Ya no recuerdo cómo, pero una tarde estaba en mi sillón, no había clavicordio, no repiqueteaban las venusinas, el único sonido era el temblor de sus manos sudorosas y los chasquidos de mis dedos ávidos de desencadenar lo juegos ensayados sobre su viril erecto. Su boca furiosa estaba sobre la mía, sentía su lengua como una espada ardiendo que se deslizaba tras mi lengua, atravesando mi útero, para detenerse en la culminación de mi clítoris, sus temblores dejaban al descubierto su desasosiego, esa tarde el juego parecía ser para él, estaba ahí, a merced de mi lengua y de mis oídos que se deleitaron con sus quejidos de placer, mi vulva destilaba fluidos en décimas, mientras oí su súplica:

- no sigas, no te detengas

Hasta que anunció venirse sobre mi boca a su merced. Mi lengua se escapaba a su periné mientras mis dedos se empotraban en sus muslos, su escroto, subían surcando su piel hasta detenerse enredados en su torso, acariciaban el lóbulo de su oreja y se colaba entre su boca gruesa…que sutilmente mordía mientras lograba contener sus gritos de placer, otra vez la lengua escalaba hasta su bálano deseosa de humedecer mi sediento paladar, lamía despacio como resbalando del contorno de su pene, mientras mis ojos no se separaban de los de él, mi lengua intercalaba en sus testículos y su pene, ritmos de fuerte a más...tensando en juego de afinación de su verga erecta hasta el brindis final, destilando su tibio semen dentro de mi boca, al son del último grito de placer de carne por carne. 

 -No puedo sacar ese momento de mi cabeza, fue lo primera vez que me lo hacían así. Seguirás siendo inspiración para masturbe por mucho tiempo. 

Volvía por besos calientes, caricias furtivas escabullidos en su auto, su miembro erecto y sus mano sudando entre temblores, el juego perverso de adueñarme de su voluntad había comenzado, sigilosa, caprichosa. Aparecía travieso por más, buscando mi boca, placer que se fue diluyendo en otras tardes en que una vez más nos confinamos a besarnos en su auto, tras su lengua hurgando desesperada en mi boca, lo que me azuzaba la excitación, comenzó a ser disonante con sus temblores y la vacilación del que hacer con sus dedos, la dilatación de mi clítoris no llegaba y mi ropa interior permaneció más adusta que el sahara, mi capricho había mermado. 

Lo furtivo teñido de titubeos adolescentes dista de ser seductor, me place ser hembra vista como una sujeta poderosa, pero necesito el macho con carácter sobre sus zapatos y sobre mis sábanas! al tiempo, su retórica -que alguna vez me cautivó la entrepierna- me pareció perorata con influjos de egolatría que no son más que su inseguridad admitida. 

Una tarde cualquiera, cautelosa para no ofenderle, desahucie el juego. Para encamarme no busco aprendices, prefiero el igual a igual. Probablemente fuera por remota casualidad que llegara este texto a sus ojos, la inmediata justificación es predecible; “No me excitaba” “No sentía lo suficiente” “las culpas” pamplinas! o a veces no se da el ancho no más o en cosa de gustos para nosotras no hay nada escrito. 

Por la providencia que no todo salió mal, aquella felación fue bien placentera. Así como dicta el hilarante manual del sexo aristotélico “las mujeres, en general, están más contentas teniendo algo bien hecho una vez, que algo mal hecho frecuentemente” admito que mientras escribo... sonrío.
 
#LasPerversas
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