sábado, 25 de febrero de 2012

No sólo mis dedos son un secreto



No sólo mis dedos son un secreto 

No tengo pareja estable y admito que a veces sí ha sido mi tema. Oscilo en una mixtura de estados emocionales, empero he aprendido a disfrutar tanto mi “siempre sola” que estabilizarme en una relación, desde hace un par de años no constituye un imperativo. Creo que la masturbación está concatenada al dominio de nuestra sexualidad, la comunión mente/cuerpo a través de la exploración nos devela nuestros “puntos” placer. A veces, alcanzar el gozo en soledad puede perturbar un poco… al menos así me pasó a mi, mis amantes, aún me arrancaran orgasmos, no eran comparables a la maravillosa contracción de mi vulva sobre mis dedos, durante un tiempo decidí “asexuarme” y finalmente deseché también la auto estimulación a fuerza de olvidar las sensaciones y re comenzar sobre una cama desde cero.

Esta última voluntad no alcanzó a prevalecer un mes… transcurridas un par de semanas salí con un ex novio, han transcurrido varios y más años desde que terminamos nuestra larga relación. Me contó que había leído bastante sobre mi antes de llamarme “Internet es un herramienta poderosa” me dijo.

En el bar del Barrio Brasil conversábamos en un apartado brindando con mojito de rosa yo, mojito sandía él.  Me contó que había descubierto cierto blog y creía reconocerme en ciertos relatos. Sonreí y le respondí, había un código de honor, la autoría no se revelaba.  

Me hablaba de la sincronización del hallazgo y su nueva temática de interés: el erotismo, literatura, relatos, sexualidad y como nos relacionamos desde lo sentidos con el otro. Me contó su interés por alguien menor, se sentía obnubilado por aquella femenil y grácil mujer, que para desgracia de él, su sexualidad es lesbia.

Me preguntó abiertamente si me masturbaba. Acá replico como le describí mi “técnica”:

 
- Me fascina el sexo, sin embargo, no me resulta placentera la “encamada” de una noche. Hace un tiempo, mis orgasmos están supeditados a los juegos de agua en mi baño.
¡Sí! es una fascinación desnudarme frente al espejo. Observar mi cuerpo en armonía a mis años, admito no tengo la turgencia de la mujeres de revistas pero... mis pechos no tan firmes, mi cintura no tan angosta, mis caderas algo anchas, mis nalgas generosas, mis muslos delineados me guiñan el ojo y me sumerjo en la tina a medio llenar.
Ahí que la polifuncional ducha de teléfono se presta a otras labores y el difusor de agua sale destornillado, regular la cantidad de agua destilando de la manguera -por ser tarea habitual- ya me es cosa fácil. Mi dedo bloquea pertinentemente media salida de chorro, un ejercicio practico sería hacer parangón con la posición de dedo sobre una manguera cuando riegas el jardín… jejeje… acá el agua tibia riega primorosa mi vulva ejerciendo cierta presión sobre mi clítoris… presurosa comienzo a contraerme y mi boca también participa entusiasta dejando escapar gemidos que varían en intensidad como varía la fricción del chorro sobre mi botón de placer, y como “comer porotos” todos lo días cansa, hay días que acompaño mis juegos con un juguete de penetración. En los temblores de mi mano he descubierto como mi vulva se contrae al compás de la explosión de mi orgasmo.

Le pregunté:
¿Lo sienten ustedes? ¿Sienten las paredes vaginales apretando mientras los gemidos escapan como feroces aullidos de una loba tiritando de placer sobre su miembro erecto?

Guardó silencio, continuó mirándome concentrado mientras su boca solo se movía para degustar lentamente los ostiones en queso de cabra que acompañaban nuestra conversación.

En un ataque de sinceridad, le dije…
- ¿Sabes que mi primer orgasmo fue contigo? Después de ti la experiencia se ha abultado con la variedad de amantes que sumo. Eres uno de los mejores, no el mejor, no creo que exista la categoría “el mejor”.

Sí, creo se incomodó, bajó la mirada y me interpeló que no entendía a que obedecían mis palabras, no lo sé respondí.

Después de una larga charla, nos retiramos del restaurante y estacionó fuera de la puerta de mi casa. Nos miramos, y le dije, -“bueno ahora me visto y me voy” reímos juntos… -“estamos vestidos, ¿quieres seguir conversando?”  -“Acepto”… el lugar daba lo mismo, nuestro fin era conversar.

Llegamos a un motel… él se sentó en la silla y bebía un café, yo me recosté en la cama y seguimos la charla… interrumpida a ratos por los quejidos de los amantes de la habitación contigua.

Pasaron un par de horas y tomamos nuestras cosas para retirarnos, entre la cama y la ventana quedamos frente a frente y la cama chilló cuando dos cuerpos cayeron de golpe sobre ella.

Su lengua maravillosa escarbaba en mi vulva mientras su dedo me penetraba... un sutil orgasmo afloró, pero el fantasma de aquello que me contraen en mis juegos me asaltó. Su lengua comenzó a delinear mi vientre, mis senos, a devorar mis pezones mientras sus dedos se deslizaban con maestría en mi espalda, mis nalgas, mi boca, mis orejas, mi pelo, mi perfil. me dijo... -“Sabes que hay que cuidarse, ¿verdad?”, Lo sé…respondí. Y plastificado su miembro generoso y turgente entró como bestia furiosa entre mi vulva demasiado húmeda.

Fue casi una hora de jugos y fricción de su dureza y mi concavidad contrayéndose. Terminamos exhaustos… y una sonrisa coronó mi media docena de orgasmos…“no soy yo, son ellos” pensé. Para mi fortuna, mi masturbación no había superado al coito… el asunto era mas simple, esos últimos meses, los poros receptores de mi piel andaban descalibrados.

Después de esa noche, volví a retomar mis abandonados juegos, ¡¡en hora buena!!  mi maestría masturbatoria no había superado a la comunión de un macho copulándome.

#LasPerversas

sábado, 11 de febrero de 2012

Feliz Cumpleaños Malita

Querida @MalaDeAdentro
Como te amamos, te deseamos abundancia... pero de estos:



Que nunca te falte el buen sexo.
FELIZ CUMPLEAÑOS!!!!
#LasPerversas

viernes, 3 de febrero de 2012

La Técnica del Tope



La Técnica del Tope

Lo conocí por amigos en común en un carrete en el Parque Intercomunal, aunque yo no me acuerdo de él. Creo que conversamos toda la tarde y no, no estaba ebria. Simplemente no soy de recordar a quienes no me impactan.

Nos volvimos a ver meses después en la casa de una mina que me caía pésimo, pero como iba de acompañante de un amigo que se la quería comer, no me quedó más remedio que llegar. Entre copas y coplas me besó. Confieso que fue uno de esos besos ricos, sin mucha lengua, más labio, masajeo suave y sensual.

Pasadas las cinco de la mañana emprendimos rumbo a mi casa porque amablemente se ofreció a ir a dejarme. Obvio... el tiempo se nos había pasado volando y los besos urgentes quedaban aprisionados en nuestra boca. Íbamos en el auto y entre lengua y roce, mi mano se deslizó por su entrepierna... Dios!!! ésa era turgencia!!! su pene, su gran pene, corría riesgo de romper su pantalón.

No pude evitarlo y le abrí el pantalón. Un pene duro y erecto me calienta, me excita, me perturba. Él manejaba... ¡¡¡no me importó nada!!! me desabroché el cinturón, me incliné hacia su entrepierna y me lo llevé a la boca. Apenas y cabía en mi boca. Le hice sexo oral, más bien lo langüetié porque era imposible comerme esa masa entera.

Empezamos a salir... sin sexo. Todo nuestro acercamiento sexual era cuando yo le practicaba sexo oral y él me agarraba una teta. Su única experiencia había sido un polvo express en alguna fiesta adolescente y no quería tirar mientras no se sintiera seguro. Confieso que me mantuve más en la relación a la espera de poder consumarla, soy de relaciones etéreas y cortas, me confieso masculina pensando en el amor y me cuesta quedarme cuando no me dan absolutamente todo lo que quiero. No niego, eso sí, que ha sido uno de los hombres que mejor me ha tratado. Terminamos a los siete meses, ya no recuerdo porqué... quizás porque me bajó el susto, porque me aburrí de ser la grande y tener una relación quinceañera... no lo se... Lo importante es que después de siete meses sin tirar, yo me sentía virgen de nuevo.

Seguimos viéndonos por un tiempo después de terminar, en esa época tenía problemas en cortar las cosas de raíz, y un día de demasiada conversación en mi casa y de exceso de alcohol, le grité: No se si no te gustan las mujeres o no te gusté yo... pero yo quería sexo!!!

Se levantó, tomó mi vaso y lo dejó en la mesa de centro, me levantó, me besó brusco... parecía que su lengua fuera su pene y copulaba con mi boca como si fuera mi vagina. Me sacó la polera, me mordisqueó los pezones... en dos minutos me tenía a full, mojada, dilatada, palpitante.

Me llevó a mi pieza y me tiró encima de la cama. Torpemente me preguntó si tenía preservativo y de la mesa de noche le pasé un condón... lo abrí pues sus manos nerviosas e inexpertas no iban a lograrlo. Me tocó, me manoseó por cada espacio de mi cuerpo, desde la punta del pelo, pasando por las orejas, el cuello hasta los tobillos. Sus manos, su lengua... pese a la inexperiencia, sabían reconocer mi gemido de placer.

Me preguntó si podía metérmelo, ¡lindo! ¡tierno! ¡cosito inseguro! amaba que me preguntara todo, si podía hacer esto o aquello... entre respiración ahogada le dije que sí.
Su glande apenas entró en mi vagina... era demasiado grande... ¡¡¡mierda!!! No podía meterlo...

Le pedí un rato para masturbarme e intentar dilatarme un poco... me toqué, me metí los dedos, me acaricié el clítoris “veamos ahora” le dije. Me tomó por las caderas y me embistió... no de a poco... me metió su gigante pene turgente en mi pobre vagina. Dolió, no me pude mover, me sentí empalada, sentí que su pene me llegaba a la tráquea, me faltó el aire y lo único que escapaba de mi boca era una respiración aquejumbrada y entrecortada.

Me lo sacó: Déjame intentar encontrar mi punto. Le propuse.

Le pedí que se acostara de espaldas y su pene durísimo parecía un mástil... ¡¡¡era una visión!!! Me subí arriba de él y puse su glande en la entrada de mi húmeda y excitada vagina. De a poco me lo fui introduciendo... despacio... lento... milímetro a milímetro... mientras, él apretaba y retorcía mis pezones con sus manos. Sentada sobre su mástil, llegó un punto donde ya no pude metérmelo más y puse las palmas de mis manos en su pelvis para hacer un tope y evitar que esa bestialidad de pene entrara de una en mi. Lo cabalgué a mi ritmo hasta llegar a mi orgasmo, hasta llegar al segundo... hasta que él terminó... Me bajé de encima de él y me fui a la cocina a tomar agua. ¡Eso era!

Quedé adolorida por días tanto los brazos como mi vagina. Sí, me hizo un poco de daño, pero puta los orgasmos ricos!  Una vez escuché que todo se puede con vaselina y paciencia... no tenía vaselina, pero la propia lubricación, más la calentura y la paciencia, hicieron su trabajo. Tiramos un par de veces más... y la técnica se convirtió en parte de mi experticia.

viernes, 20 de enero de 2012

Más vale feo conocido...



Más vale feo conocido...



No quiero volver a tirar. Seré célibe de hoy en adelante.  

Desperté casi llorando después de escucharme en la peor de mis pesadillas. Hacía unas cuantas semanas que no ocurría nada en el departamento de la lujuria y esto estaba alterando un poco mi sanidad. Sí, me hace falta el sexo para estar cuerda.

Ya era hora de salir al trabajo y como todos los días me recogió en mi casa un compañero de trabajo que ha sido mi amigo desde la adolescencia. ¡Feo, conchesumare que el weón es feo! Pero aunque su cara es un delito con pena capital, su cuerpo es otra cosa. Es campeón en natación. Su espalda es ancha y baja hasta su cintura formando una perfecta V. Sus piernas marcan todos los músculos de sus muslos, sus brazos, su cuello son perfectos. Y para qué hablar de sus abdominales, ¿qué six pack? el tipo tiene dos de esos y su perfectamente redondo y duro poto. Pero es feo, no hay por dónde mirarle la cara, es feo.

Salimos de trabajar ese día más temprano y me invitó a tomar cerveza. Cosa normal lo hacemos una vez a la semana, pero ese día era diferente, le había contado a #lasperveras mi sueño, mi urgencia por tirar y que estaba considerando al feo. Comentarios de bolsas, sábanas, de espalda y demás tallas para que no le mirara la cara, hicieron que el morbo se acrecentara y la maldad se apoderó de mí.

Ya en el bar tomamos unas cuantas cervezas, había tanto guapo que podía cambiar mi plan e irme con uno de ellos. El morbo no me lo causaban ellos, si no el feo. Él podía ya oler mi celo de hembra y con sus piernas rozaba las mías, tocaba mi mano y arreglaba mi cabello de una manera que nunca lo había hecho antes.

- Bailemos, me dijo.

Comenzó la salsa y nuestros cuerpos se contoneaban al unísono. Sentí como se le paró su pene muy pegado a mi pelvis. Me mojé instantáneamente. Subí la mirada dándole consentimiento a tener su erección y revolcarla al ritmo de la música en mi pelvis. Entendió de inmediato y entre el murmullo escandaloso del bar, los tambores de la música y su pene rozando mi monte venus, orgasmé.

-Quiero que tiremos, le dije tan descaradamente como el orgasmo que había tenido.

Sonrió muy nervioso. Terminamos de bailar esa pieza, nos sentamos y tomamos una cerveza más en total silencio. Se paró de la mesa indicándome que nos íbamos y lo seguí.

En el auto me abrió la puerta, cuando me senté, me viró hacia a él se arrodilló y comenzó a lamer mi clítoris por encima de los calzones. Sí, en el estacionamiento del bar. Metía sus dedos dentro de mi calzón rozando los labios, trazaba el contorno con la yema de sus dedos. Mi entrepierna aún estaba mojada después de haber tenido mi orgasmo danzado y sus dedos se deslizaban por toda la zona causándome placer. Me sorprendía lo expertamente que me tocaba, ahí sentada en el auto a la misericordia de sus divinos dedos orgasmeaba a su merced.

Se levantó y condujo hasta su casa. Entramos y cerró la puerta tras nosotros. Me levantó en sus hermosos brazos y con algo de violencia me pilló entre él y la puerta. Su lengua entró en mi boca sin permiso, la gentileza con la que me había masturbado en el auto desapareció. Me besaba fuertemente, mientras me aplastaba entre la puerta y su cuerpo. Se desabrochó el pantalón y metió su pene en mí, sin quitarme la ropa interior, ésta sólo la deslizó. Me tenía en sus brazos, mis piernas alrededor de sus caderas y me embestía con furia. Me gustaba sentirlo pontente, fuerte, recio conmigo. Apenas podía mover mis caderas pero no lo necesitaba, su pene estaba muy erecto y me tenía en la posición perfecta, donde su pelvis rozaba mi clítoris y la cabeza de su pene raía todo el interior de mi vagina.

Me deslizó por toda la puerta dejándome caer hasta el piso. Se desnudó, dándome un espectáculo. Su cuerpo desnudo, es una obra de arte, su pene erecto, con la cabeza roja y muy mojada después de haberme cogido violentamente, era una visión de placer ante mis ojos. Se me trepó encima y desnudó mis senos. Nadie ha tocado estos pezones así, estaban tan duros, enhiestos ante la experticia de una lengua y dedos. Con su otra mano buscó mis calzones y al fin me los quitó. Me metía sus cuatro largos dedos mientras que con el pulgar rozaba mi clítoris. Sacaba su mano de mi vagina y lamía todos mis jugos que se deslizaban por ella.

Me viró de espalda y posó toda la inmensidad de cuerpo sobre mí. Levanté mi cola, y sentí como su pene entraba nuevamente en mi vagina. Nos fuimos levantando hasta yo quedar en cuatro y él en sus rodillas. Me penetraba fuertemente jugaba con mi clítoris el tiempo necesario para que no se resintiera. Me tomaba del cabello para no perder su equilibrio y así podía mirar mis senos que se reflejaban en los cristales de la puerta. De vez en cuando mordía mi espalda enviando electricidad desde mi espina dorsal hasta mi clítoris. Gemíamos tan unísonamente como nos movíamos.

Mis orgasmos llegaron unas muchas veces más en un período de tiempo que pareció eterno. Me tuve que rendir ante su atlética y experta ejecución. Dejé caer mi cola y su peso cayó todo en mí. Se rió casi a carcajadas y se movió hacia un lado.

-¿Cansada? Terminaremos otro día.

Aún lo miro en el auto de camino al trabajo diariamente y pucha que es feo el conchesumare pero instantáneamente recuerdo lo buen amante que es y voy en calentura el resto del viaje. El feo me dejó queriendo más de él. El otro día aún no llega, pero espero con ansias y bolsa en la mano el próximo encuentro.

sábado, 14 de enero de 2012

Luna de hiel?... de mis manos al placer


Luna de hiel? ...de mis manos al placer

Dejé todo preparado para esos cinco días. Nos habíamos conocido en una fiesta en Santiago, pero por esa fecha vivíamos en ciudades distintas, uno por el norte y el otro por el sur... el teléfono y el internet nos mantuvieron en contacto, el gusto y las ganas inconclusas de esa noche de fiesta nos tuvieron conversando y planeando un nuevo encuentro. Pasado navidad nos regalaríamos una semana para disfrutar unas mini vacaciones, con año nuevo incluido.

Como fue él quién recorrió casi todo Chile para ir a mi encuentro, preparé un lugar especial, una cabaña con un paisaje paradisiaco, más que mini vacaciones, yo me preparaba para una mini luna de miel, el teléfono aguanta mucho y según lo que hablamos, nos faltarían horas para tirar.

Tenía varias cosas preparadas para hacer de esos días una experiencia sexual inolvidable: lencería ultra sexy, velas, aromas especiales, sedas, cartas con juegos sexuales y en mi cabeza todos los consejos de la cosmopolitan que pude acumular.

Llegó mi compañero, y el beso que nos dimos al saludarnos me demostraba que no sólo yo había juntado ganas, la cosa era mutua, yo ya podía imaginar mis miles de orgasmos, pero lo tomé con calma, no quería atarantarme, quería sólo disfrutar y teníamos varios días.

Él venía un poco resfriado y si bien mi instinto cavernícola me impulsaba a tomarlo de las mechas e irnos a tirar, me comporté y luego de dejar las cosas en la cabaña, lo invité a cenar... jueguitos varios por debajo de la mesa, agarrones  cuando no nos miraban, no hacían nada más que ponerle leña a la hoguera.

Terminando la cena lo tomé y le dije que el postre sería en la cabaña, llegamos y comencé a besarlo con todas mis acumuladas ganas de meses, nos fuimos sacando poco a poco la ropa hasta quedar completamente desnudos... pero, “sorpresa”... no tenía erección!!!! ya.. ok.. calma!!! podía ser el viaje, el resfrío, cualquier cosa... no podíamos alterarnos, había que seguir intentando pero... NADA!!!

Traté de hacerme la normal y comprensiva y nos fuimos a dormir, la ternura (sí.. sólo la puta ternura) nos acompañó esa noche. Total, en la mañana sería distinto, seguro que sí, casi todos los hombres muestran gran virilidad en las mañanas, faltaban poquitas horas y mi película porno comenzaría... pero a la mañana siguiente, nuevamente NADA!!!

Ya no había calma, ya el asunto era extraño, lo hablamos, me insistía que “es primera vez que me pasa” y se volvió un círculo vicioso, entre los nervios, los intentos, los reproches (él se autoreprochaba y yo y mi ego nos enterrábamos... puta que duele pensar que no eres capaz de hacer que a un hombre se le pare!!!)

Ese día salimos a pasear, no hablamos mucho del tema, pero obvio que cada uno  era en lo único que pensaba... llegó la noche y pensé que no perdería mi aventura, si él no era capaz de darme placer, me lo daría yo misma. Lo hice sentarse en una silla y le pedí que me mirara, me puse en la cama y comencé a tocarme por sobre la ropa, toqué mis pechos, jugué con mis pezones, pasé mi mano por mi entrepierna y comencé a desvestirme... él sólo me miraba, cuando quedé completamente desnuda pasé mi dedo por todo mi cuerpo, lo llevé a mi boca, le puse saliva y mojé mis pezones, mientras los apretaba suavecito... él quería acercarse pero le ordené que se mantuviera sentado... después comencé a masturbarme, me concentré sólo en mi vagina, abrí mis piernas y lo dejé mirar todo lo que mis dedos hacían en ella... frotaba mi clítoris, introducía mis dedos, me abandoné a lo delicioso del autoplacer, de pronto lo miré y estaba con su pene erecto, tocándose como un loco, me pidió que no parara, que siguiera porque quería verme acabar, abrí más mis piernas y me dediqué a tocarme para él... imaginaba que era su mano la que tocaba, frotaba e introducía, cada vez me mojaba más, se sentía delicioso, yo gemía, me retorcía y lo miraba a los ojos, él se masturbaba, su pene estaba duro, mojado... mi clítoris se iba poniendo cada vez más tenso, sentía pronto un orgasmo, me toqué con más ganas, cada vez más rápido, hasta que mi orgasmo se escapó acompañado de un fuerte grito... lo miré al terminar y vi como salía su semen, él también había acabado...

Eso fue sólo el comienzo de mis días de mini luna de miel, el resto de los días nos sacamos todas las ganas acumuladas...

Tuve dos posibilidades, dejarme llevar por el ego herido y pensar que si a un hombre no se le para el pene somos responsables nosotras o... regalarme placer, asumiendo que el sexo no necesariamente pasa por hacer la posición del misionero y que hay bastantes otras formas de disfrutarlo... elegí la segunda y lo pasé bastante mejor... claro que debo agregar a eso que los días siguientes fueron aún mejores, ya había pasado el efecto de la sobredosis de trioval y naztisol compuesto que se había tomado para que se le pasara el resfrío... moraleja??? disfrutar!!!, siempre disfrutar del sexo se nos presente como se nos presente y... no tomen trioval cuando vayan a tirar.


viernes, 6 de enero de 2012

"Secretas puntadas que potencian el placer"



"Secretas puntadas que potencian el placer"

Creo, por la providencia que creo… casi voy pisando las cuatro décadas, las formas que delinean mis contornos ya no son dignas para boceto de moda, si me desmenuzaran para venderme cual chatarra por parte, creo que el mejor precio seria ofertado a mis piernas. Creo, por la providencia que creo… que la presentación en vajilla fina de selectas hortalizas nunca compite a la delicia de un bol (aun salpicado en el borde) en el cual se reúnen desmenuzadas hojas de lechuga, con sabroso aliño.

Sí, hace una quincena de años antes mi cuerpo era turgente, pero hoy los menesteres de mi placer se esconden y asoman; en los pliegues de mis senos de gota, entre mis muslos de espesores  generosos, sobre las margaritas de mi espalda que me adornan sobre el coxis, en la yema de mis dedos, en mis brazos que de hercúleos ya no conserva nada, en mis ojos que en sus esquinas, asoman mis lineas de expresión cuales raíces de un rosal … y por cierto, en mi vulva que a capricho mío esconde mi generoso secreto.

Aun cuando mi vagina llorona siempre se desaguaba en esos néctares de éxtasis propiciados por un buen amante que la monta sobre sus dedos, su lengua o su virilidad ( acá, en juicio digo, que no encuentro placer mejor concebido que un hombre que sepa besar) los años, la elasticidad a prueba, me hacían algo tardíos los orgasmos, es más, quedaba sujeta a culminar en ciertas posiciones, dejándome sólo para el final la explosión  multiorgásmica.

Fue hace algo mas de tres años, una tarde un articulo de una revista de la cual no recuerdo ni es mi menester señalar su nombre me sugirió “reconstrucción vaginal” caprichosa como marrasquino de torta, me dije ¡esta señal es lo mío! No fue que me quitara el sueño, más fue, que lo descrito antes me restaba placer, MI PROPIO PLACER.

Hablé con mi ginecólogo, mis conjeturas le parecieron muy acertadas, el “pero” no lo ponía él ni yo, el “pero” venía en el justo valor económico de tamaño capricho, costes significativamente mas económicos, en aquellos recintos clínicos en conveniencia a mi plan de salud.  ¿cómo hacer? Para mejor entender, debo decir que había cierta operación que realizar, esos mañosos quistes que una nunca convida pero que intrusos se alojan en nuestro útero. Urdí mi plan y contacté un médico de un prestigioso hospital clínico, uno de esos donde la “Santa Patrona” jamás le revelaría al profesional de pulcro blanco “¡Hey! dejale la abertura de la vagina más pequeña para que pueda gozar más!!”.

Controles y exámenes varios para tratar mi dolencia, entre cita y cita irrumpí en falso llanterío:
-Hace años no siento nada, mi matrimonio está en crisis, por lo más sagrado es que no quisiera quedar sin la protección de mi marido.

Claramente tras esta declaración los argumentos siguieron hasta que el bendito médico católico, quizás conmovido por mi compromiso marital escucho mis ruegos… marido? Ja!

Esa mañana la cita en el pabellón fue bien temprana, un equipo multidiciplinario de especialistas bisturí y jeringas en mano se hicieron cargo de mi humanidad dormida a merced de sus expertis y sus bromas de machos. ¡Lo se! en los tres días posteriores bastaba observar su ojos chispeantes sobre sus risitas socarronas, sus miradas de “se lo que hiciste el martes pasado” … el alta? dos meses sin sexo… ¿¿QUÉ?? Cresta, por unos segundos me cuestioné valdrá la pena cerrar la puerta entre mis piernas al sacrílego?

Para esos días llevaba algo de más de tres semanas saliendo con un galán, hasta ahí caricias, besos y mordidas de labios habían sido máxime nuestro juegos…  “se me acabó el romance” pensé. Que bah, la primera noche que pasamos a solas, descubrimos que a un orgasmo tras otro pude llegar sin penetrar mi nuevo ceñido canal de placer (pero eso es historia para otro post).

Si!! valió la pena… me declaro bastante simple, no soy la promotora del kamasutra, ni gozo de la estreches de una quinceañera, pero qué delicia gozar en mi propio “túnel angostura” desde un “perrito flojo” a morir a horcajadas sobre un jinete erecto!!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Duele, pero duele rico...




Por años me dio susto, miedo, pavor, el sexo anal... Escuchaba tantas historias de desgarros y dolores... La gente comentaba... las mujeres se negaban. De mis amigas ninguna se atrevía. Decían que te rajabas, que no te podías sentar en semanas, que te dolía hasta ver burros verdes.


Una de mis mejores amiga siempre me decía que no entregaría el chico hasta el matrimonio, para tener “algo virgen” que darle al peor es nada... ¿La verdad? Supe de buena fuente que aún no se atreve... y en su momento la entendí.


La entendí hasta que con un amigo con beneficios, en una loca noche de alcohol hace muchos años, me agarró fuerte de la cintura, me dio vuelta en la cama, me mojó y me lo metió... ¡sin preguntar! Lo bueno es que no era muy dotado y no fue lo doloroso que creí. Me dolió, sí; pero ni tanto, ni tan poco. Placentero tampoco fue... no estaba bien lubricada, no estaba demasiado excitada, él no me producía cosas fuertes.


Desde ahí me negué al sexo anal. Me negué porque no me llamaba la atención. Porque me daba miedo probarlo con un tipo más dotado y porque en realidad no era mi tema.


Sin embargo, hace un rato le encontré la gracia... tenía mi touch & go con quién parte de nuestra rutina era probar cosas nuevas. Amaba que probáramos, descubriéramos, hiciéramos cosas entretenidas... ¡total! para eso estábamos. No habían llamadas posteriores de cómo llegaste... ¡nada! Era sólo sexo.


Lo conversamos antes, le dije que sí, que lo había hecho. Me hice la chora, porque era parte del papel que me tocaba jugar. Así es que quedamos en probarlo ese día. Nos juntamos y comenzamos a tocarnos (no éramos de besos) y sacó mi vestido. Me dio vuelta... brusco... como siempre... como me gustaba... Me excita que el hombre me tome fuerte, necesito que tenga poder, que me lastime un poco, que me demuestre ser macho alfa en el sexo. 


Me besó el cuello con mucha lengua y me tiró un poco el pelo, marcándome el terreno: era él quien mandaba... Bajó por mi espalda descubierta tocándola y besándola toda. Nuevamente me dio vuelta, me sentó en la mesa y se arrodilló frente a mi y comenzó a hacerme sexo oral... ¡cómo sabía mover su lengua en mi clítoris! ¡cómo agradecía mi clítoris cada lamida!


No me dejó llegar al orgasmo, sólo quería excitarme, sólo deseaba dejarme lista. Me tomó de los hombros y me paró... mis rodillas temblaban. Arqueó mi espalda hacia adelante, me apoyé en la mesa con una mano, mientras con la otra trataba de complacer a mi pobre clítoris que había quedado abandonado.


Se puso el condón (sí, siempre lo hicimos con condón), untó sus dedos en mis fluidos con los que embetunó mi culo. Tomó su pene henchido y turgente y de un empujón lo metió todo. Me dolió, grité de dolor... Mis dos codos debieron servirme de apoyo cuando caí hacia adelante con el peso de la embestida.


Me tomó el pelo con fuerza y comenzó a besarme nuevamente el cuello, susurrándome que siguiera con mi masturbación de manera que dejara de dolerme o que pensara en otra cosa... funcionó... de pronto ya no dolía tanto, de pronto me gustaba, de pronto lo disfrutaba tanto tanto...


Tuve mi primer orgasmo, intenso, fuerte, ¡¡¡gritado!!! y seguía embistiéndome... fuerte, duro, como era él... Era un amante excepcional, aunque en realidad juntos éramos magia. Me agarraba un pezón, lo masajeaba, lo apretaba, jugaba mientras llegaba su orgasmo... Me tomó de la nuca y puso sus dientes ahí... me mordió mientras eyaculaba. Gustaba el dejarme marcas en lugares donde sólo él y yo sabríamos que estaban.


Estábamos agotados, yo encima de la mesa y el encima de mi espalda... jadeábamos, me abrazaba fuerte... 


No fue mi primera vez con el sexo anal, pero la más intensa, la mejor y la que me dejaría marcada y con ganas de seguir probándolo... Pasó a ser parte de nuestra rutina, pero ahí probábamos otras posiciones... por lo general yo sentada sobre él con mi cuerpo echado hacia atrás de manera que tuviera amplitud para poder masturbarme al mismo tiempo. Y sí, para el resto de las veces hubo que usar algo de lubricante...