viernes, 20 de enero de 2012

Más vale feo conocido...



Más vale feo conocido...



No quiero volver a tirar. Seré célibe de hoy en adelante.  

Desperté casi llorando después de escucharme en la peor de mis pesadillas. Hacía unas cuantas semanas que no ocurría nada en el departamento de la lujuria y esto estaba alterando un poco mi sanidad. Sí, me hace falta el sexo para estar cuerda.

Ya era hora de salir al trabajo y como todos los días me recogió en mi casa un compañero de trabajo que ha sido mi amigo desde la adolescencia. ¡Feo, conchesumare que el weón es feo! Pero aunque su cara es un delito con pena capital, su cuerpo es otra cosa. Es campeón en natación. Su espalda es ancha y baja hasta su cintura formando una perfecta V. Sus piernas marcan todos los músculos de sus muslos, sus brazos, su cuello son perfectos. Y para qué hablar de sus abdominales, ¿qué six pack? el tipo tiene dos de esos y su perfectamente redondo y duro poto. Pero es feo, no hay por dónde mirarle la cara, es feo.

Salimos de trabajar ese día más temprano y me invitó a tomar cerveza. Cosa normal lo hacemos una vez a la semana, pero ese día era diferente, le había contado a #lasperveras mi sueño, mi urgencia por tirar y que estaba considerando al feo. Comentarios de bolsas, sábanas, de espalda y demás tallas para que no le mirara la cara, hicieron que el morbo se acrecentara y la maldad se apoderó de mí.

Ya en el bar tomamos unas cuantas cervezas, había tanto guapo que podía cambiar mi plan e irme con uno de ellos. El morbo no me lo causaban ellos, si no el feo. Él podía ya oler mi celo de hembra y con sus piernas rozaba las mías, tocaba mi mano y arreglaba mi cabello de una manera que nunca lo había hecho antes.

- Bailemos, me dijo.

Comenzó la salsa y nuestros cuerpos se contoneaban al unísono. Sentí como se le paró su pene muy pegado a mi pelvis. Me mojé instantáneamente. Subí la mirada dándole consentimiento a tener su erección y revolcarla al ritmo de la música en mi pelvis. Entendió de inmediato y entre el murmullo escandaloso del bar, los tambores de la música y su pene rozando mi monte venus, orgasmé.

-Quiero que tiremos, le dije tan descaradamente como el orgasmo que había tenido.

Sonrió muy nervioso. Terminamos de bailar esa pieza, nos sentamos y tomamos una cerveza más en total silencio. Se paró de la mesa indicándome que nos íbamos y lo seguí.

En el auto me abrió la puerta, cuando me senté, me viró hacia a él se arrodilló y comenzó a lamer mi clítoris por encima de los calzones. Sí, en el estacionamiento del bar. Metía sus dedos dentro de mi calzón rozando los labios, trazaba el contorno con la yema de sus dedos. Mi entrepierna aún estaba mojada después de haber tenido mi orgasmo danzado y sus dedos se deslizaban por toda la zona causándome placer. Me sorprendía lo expertamente que me tocaba, ahí sentada en el auto a la misericordia de sus divinos dedos orgasmeaba a su merced.

Se levantó y condujo hasta su casa. Entramos y cerró la puerta tras nosotros. Me levantó en sus hermosos brazos y con algo de violencia me pilló entre él y la puerta. Su lengua entró en mi boca sin permiso, la gentileza con la que me había masturbado en el auto desapareció. Me besaba fuertemente, mientras me aplastaba entre la puerta y su cuerpo. Se desabrochó el pantalón y metió su pene en mí, sin quitarme la ropa interior, ésta sólo la deslizó. Me tenía en sus brazos, mis piernas alrededor de sus caderas y me embestía con furia. Me gustaba sentirlo pontente, fuerte, recio conmigo. Apenas podía mover mis caderas pero no lo necesitaba, su pene estaba muy erecto y me tenía en la posición perfecta, donde su pelvis rozaba mi clítoris y la cabeza de su pene raía todo el interior de mi vagina.

Me deslizó por toda la puerta dejándome caer hasta el piso. Se desnudó, dándome un espectáculo. Su cuerpo desnudo, es una obra de arte, su pene erecto, con la cabeza roja y muy mojada después de haberme cogido violentamente, era una visión de placer ante mis ojos. Se me trepó encima y desnudó mis senos. Nadie ha tocado estos pezones así, estaban tan duros, enhiestos ante la experticia de una lengua y dedos. Con su otra mano buscó mis calzones y al fin me los quitó. Me metía sus cuatro largos dedos mientras que con el pulgar rozaba mi clítoris. Sacaba su mano de mi vagina y lamía todos mis jugos que se deslizaban por ella.

Me viró de espalda y posó toda la inmensidad de cuerpo sobre mí. Levanté mi cola, y sentí como su pene entraba nuevamente en mi vagina. Nos fuimos levantando hasta yo quedar en cuatro y él en sus rodillas. Me penetraba fuertemente jugaba con mi clítoris el tiempo necesario para que no se resintiera. Me tomaba del cabello para no perder su equilibrio y así podía mirar mis senos que se reflejaban en los cristales de la puerta. De vez en cuando mordía mi espalda enviando electricidad desde mi espina dorsal hasta mi clítoris. Gemíamos tan unísonamente como nos movíamos.

Mis orgasmos llegaron unas muchas veces más en un período de tiempo que pareció eterno. Me tuve que rendir ante su atlética y experta ejecución. Dejé caer mi cola y su peso cayó todo en mí. Se rió casi a carcajadas y se movió hacia un lado.

-¿Cansada? Terminaremos otro día.

Aún lo miro en el auto de camino al trabajo diariamente y pucha que es feo el conchesumare pero instantáneamente recuerdo lo buen amante que es y voy en calentura el resto del viaje. El feo me dejó queriendo más de él. El otro día aún no llega, pero espero con ansias y bolsa en la mano el próximo encuentro.

sábado, 14 de enero de 2012

Luna de hiel?... de mis manos al placer


Luna de hiel? ...de mis manos al placer

Dejé todo preparado para esos cinco días. Nos habíamos conocido en una fiesta en Santiago, pero por esa fecha vivíamos en ciudades distintas, uno por el norte y el otro por el sur... el teléfono y el internet nos mantuvieron en contacto, el gusto y las ganas inconclusas de esa noche de fiesta nos tuvieron conversando y planeando un nuevo encuentro. Pasado navidad nos regalaríamos una semana para disfrutar unas mini vacaciones, con año nuevo incluido.

Como fue él quién recorrió casi todo Chile para ir a mi encuentro, preparé un lugar especial, una cabaña con un paisaje paradisiaco, más que mini vacaciones, yo me preparaba para una mini luna de miel, el teléfono aguanta mucho y según lo que hablamos, nos faltarían horas para tirar.

Tenía varias cosas preparadas para hacer de esos días una experiencia sexual inolvidable: lencería ultra sexy, velas, aromas especiales, sedas, cartas con juegos sexuales y en mi cabeza todos los consejos de la cosmopolitan que pude acumular.

Llegó mi compañero, y el beso que nos dimos al saludarnos me demostraba que no sólo yo había juntado ganas, la cosa era mutua, yo ya podía imaginar mis miles de orgasmos, pero lo tomé con calma, no quería atarantarme, quería sólo disfrutar y teníamos varios días.

Él venía un poco resfriado y si bien mi instinto cavernícola me impulsaba a tomarlo de las mechas e irnos a tirar, me comporté y luego de dejar las cosas en la cabaña, lo invité a cenar... jueguitos varios por debajo de la mesa, agarrones  cuando no nos miraban, no hacían nada más que ponerle leña a la hoguera.

Terminando la cena lo tomé y le dije que el postre sería en la cabaña, llegamos y comencé a besarlo con todas mis acumuladas ganas de meses, nos fuimos sacando poco a poco la ropa hasta quedar completamente desnudos... pero, “sorpresa”... no tenía erección!!!! ya.. ok.. calma!!! podía ser el viaje, el resfrío, cualquier cosa... no podíamos alterarnos, había que seguir intentando pero... NADA!!!

Traté de hacerme la normal y comprensiva y nos fuimos a dormir, la ternura (sí.. sólo la puta ternura) nos acompañó esa noche. Total, en la mañana sería distinto, seguro que sí, casi todos los hombres muestran gran virilidad en las mañanas, faltaban poquitas horas y mi película porno comenzaría... pero a la mañana siguiente, nuevamente NADA!!!

Ya no había calma, ya el asunto era extraño, lo hablamos, me insistía que “es primera vez que me pasa” y se volvió un círculo vicioso, entre los nervios, los intentos, los reproches (él se autoreprochaba y yo y mi ego nos enterrábamos... puta que duele pensar que no eres capaz de hacer que a un hombre se le pare!!!)

Ese día salimos a pasear, no hablamos mucho del tema, pero obvio que cada uno  era en lo único que pensaba... llegó la noche y pensé que no perdería mi aventura, si él no era capaz de darme placer, me lo daría yo misma. Lo hice sentarse en una silla y le pedí que me mirara, me puse en la cama y comencé a tocarme por sobre la ropa, toqué mis pechos, jugué con mis pezones, pasé mi mano por mi entrepierna y comencé a desvestirme... él sólo me miraba, cuando quedé completamente desnuda pasé mi dedo por todo mi cuerpo, lo llevé a mi boca, le puse saliva y mojé mis pezones, mientras los apretaba suavecito... él quería acercarse pero le ordené que se mantuviera sentado... después comencé a masturbarme, me concentré sólo en mi vagina, abrí mis piernas y lo dejé mirar todo lo que mis dedos hacían en ella... frotaba mi clítoris, introducía mis dedos, me abandoné a lo delicioso del autoplacer, de pronto lo miré y estaba con su pene erecto, tocándose como un loco, me pidió que no parara, que siguiera porque quería verme acabar, abrí más mis piernas y me dediqué a tocarme para él... imaginaba que era su mano la que tocaba, frotaba e introducía, cada vez me mojaba más, se sentía delicioso, yo gemía, me retorcía y lo miraba a los ojos, él se masturbaba, su pene estaba duro, mojado... mi clítoris se iba poniendo cada vez más tenso, sentía pronto un orgasmo, me toqué con más ganas, cada vez más rápido, hasta que mi orgasmo se escapó acompañado de un fuerte grito... lo miré al terminar y vi como salía su semen, él también había acabado...

Eso fue sólo el comienzo de mis días de mini luna de miel, el resto de los días nos sacamos todas las ganas acumuladas...

Tuve dos posibilidades, dejarme llevar por el ego herido y pensar que si a un hombre no se le para el pene somos responsables nosotras o... regalarme placer, asumiendo que el sexo no necesariamente pasa por hacer la posición del misionero y que hay bastantes otras formas de disfrutarlo... elegí la segunda y lo pasé bastante mejor... claro que debo agregar a eso que los días siguientes fueron aún mejores, ya había pasado el efecto de la sobredosis de trioval y naztisol compuesto que se había tomado para que se le pasara el resfrío... moraleja??? disfrutar!!!, siempre disfrutar del sexo se nos presente como se nos presente y... no tomen trioval cuando vayan a tirar.


viernes, 6 de enero de 2012

"Secretas puntadas que potencian el placer"



"Secretas puntadas que potencian el placer"

Creo, por la providencia que creo… casi voy pisando las cuatro décadas, las formas que delinean mis contornos ya no son dignas para boceto de moda, si me desmenuzaran para venderme cual chatarra por parte, creo que el mejor precio seria ofertado a mis piernas. Creo, por la providencia que creo… que la presentación en vajilla fina de selectas hortalizas nunca compite a la delicia de un bol (aun salpicado en el borde) en el cual se reúnen desmenuzadas hojas de lechuga, con sabroso aliño.

Sí, hace una quincena de años antes mi cuerpo era turgente, pero hoy los menesteres de mi placer se esconden y asoman; en los pliegues de mis senos de gota, entre mis muslos de espesores  generosos, sobre las margaritas de mi espalda que me adornan sobre el coxis, en la yema de mis dedos, en mis brazos que de hercúleos ya no conserva nada, en mis ojos que en sus esquinas, asoman mis lineas de expresión cuales raíces de un rosal … y por cierto, en mi vulva que a capricho mío esconde mi generoso secreto.

Aun cuando mi vagina llorona siempre se desaguaba en esos néctares de éxtasis propiciados por un buen amante que la monta sobre sus dedos, su lengua o su virilidad ( acá, en juicio digo, que no encuentro placer mejor concebido que un hombre que sepa besar) los años, la elasticidad a prueba, me hacían algo tardíos los orgasmos, es más, quedaba sujeta a culminar en ciertas posiciones, dejándome sólo para el final la explosión  multiorgásmica.

Fue hace algo mas de tres años, una tarde un articulo de una revista de la cual no recuerdo ni es mi menester señalar su nombre me sugirió “reconstrucción vaginal” caprichosa como marrasquino de torta, me dije ¡esta señal es lo mío! No fue que me quitara el sueño, más fue, que lo descrito antes me restaba placer, MI PROPIO PLACER.

Hablé con mi ginecólogo, mis conjeturas le parecieron muy acertadas, el “pero” no lo ponía él ni yo, el “pero” venía en el justo valor económico de tamaño capricho, costes significativamente mas económicos, en aquellos recintos clínicos en conveniencia a mi plan de salud.  ¿cómo hacer? Para mejor entender, debo decir que había cierta operación que realizar, esos mañosos quistes que una nunca convida pero que intrusos se alojan en nuestro útero. Urdí mi plan y contacté un médico de un prestigioso hospital clínico, uno de esos donde la “Santa Patrona” jamás le revelaría al profesional de pulcro blanco “¡Hey! dejale la abertura de la vagina más pequeña para que pueda gozar más!!”.

Controles y exámenes varios para tratar mi dolencia, entre cita y cita irrumpí en falso llanterío:
-Hace años no siento nada, mi matrimonio está en crisis, por lo más sagrado es que no quisiera quedar sin la protección de mi marido.

Claramente tras esta declaración los argumentos siguieron hasta que el bendito médico católico, quizás conmovido por mi compromiso marital escucho mis ruegos… marido? Ja!

Esa mañana la cita en el pabellón fue bien temprana, un equipo multidiciplinario de especialistas bisturí y jeringas en mano se hicieron cargo de mi humanidad dormida a merced de sus expertis y sus bromas de machos. ¡Lo se! en los tres días posteriores bastaba observar su ojos chispeantes sobre sus risitas socarronas, sus miradas de “se lo que hiciste el martes pasado” … el alta? dos meses sin sexo… ¿¿QUÉ?? Cresta, por unos segundos me cuestioné valdrá la pena cerrar la puerta entre mis piernas al sacrílego?

Para esos días llevaba algo de más de tres semanas saliendo con un galán, hasta ahí caricias, besos y mordidas de labios habían sido máxime nuestro juegos…  “se me acabó el romance” pensé. Que bah, la primera noche que pasamos a solas, descubrimos que a un orgasmo tras otro pude llegar sin penetrar mi nuevo ceñido canal de placer (pero eso es historia para otro post).

Si!! valió la pena… me declaro bastante simple, no soy la promotora del kamasutra, ni gozo de la estreches de una quinceañera, pero qué delicia gozar en mi propio “túnel angostura” desde un “perrito flojo” a morir a horcajadas sobre un jinete erecto!!

viernes, 16 de diciembre de 2011

Duele, pero duele rico...




Por años me dio susto, miedo, pavor, el sexo anal... Escuchaba tantas historias de desgarros y dolores... La gente comentaba... las mujeres se negaban. De mis amigas ninguna se atrevía. Decían que te rajabas, que no te podías sentar en semanas, que te dolía hasta ver burros verdes.


Una de mis mejores amiga siempre me decía que no entregaría el chico hasta el matrimonio, para tener “algo virgen” que darle al peor es nada... ¿La verdad? Supe de buena fuente que aún no se atreve... y en su momento la entendí.


La entendí hasta que con un amigo con beneficios, en una loca noche de alcohol hace muchos años, me agarró fuerte de la cintura, me dio vuelta en la cama, me mojó y me lo metió... ¡sin preguntar! Lo bueno es que no era muy dotado y no fue lo doloroso que creí. Me dolió, sí; pero ni tanto, ni tan poco. Placentero tampoco fue... no estaba bien lubricada, no estaba demasiado excitada, él no me producía cosas fuertes.


Desde ahí me negué al sexo anal. Me negué porque no me llamaba la atención. Porque me daba miedo probarlo con un tipo más dotado y porque en realidad no era mi tema.


Sin embargo, hace un rato le encontré la gracia... tenía mi touch & go con quién parte de nuestra rutina era probar cosas nuevas. Amaba que probáramos, descubriéramos, hiciéramos cosas entretenidas... ¡total! para eso estábamos. No habían llamadas posteriores de cómo llegaste... ¡nada! Era sólo sexo.


Lo conversamos antes, le dije que sí, que lo había hecho. Me hice la chora, porque era parte del papel que me tocaba jugar. Así es que quedamos en probarlo ese día. Nos juntamos y comenzamos a tocarnos (no éramos de besos) y sacó mi vestido. Me dio vuelta... brusco... como siempre... como me gustaba... Me excita que el hombre me tome fuerte, necesito que tenga poder, que me lastime un poco, que me demuestre ser macho alfa en el sexo. 


Me besó el cuello con mucha lengua y me tiró un poco el pelo, marcándome el terreno: era él quien mandaba... Bajó por mi espalda descubierta tocándola y besándola toda. Nuevamente me dio vuelta, me sentó en la mesa y se arrodilló frente a mi y comenzó a hacerme sexo oral... ¡cómo sabía mover su lengua en mi clítoris! ¡cómo agradecía mi clítoris cada lamida!


No me dejó llegar al orgasmo, sólo quería excitarme, sólo deseaba dejarme lista. Me tomó de los hombros y me paró... mis rodillas temblaban. Arqueó mi espalda hacia adelante, me apoyé en la mesa con una mano, mientras con la otra trataba de complacer a mi pobre clítoris que había quedado abandonado.


Se puso el condón (sí, siempre lo hicimos con condón), untó sus dedos en mis fluidos con los que embetunó mi culo. Tomó su pene henchido y turgente y de un empujón lo metió todo. Me dolió, grité de dolor... Mis dos codos debieron servirme de apoyo cuando caí hacia adelante con el peso de la embestida.


Me tomó el pelo con fuerza y comenzó a besarme nuevamente el cuello, susurrándome que siguiera con mi masturbación de manera que dejara de dolerme o que pensara en otra cosa... funcionó... de pronto ya no dolía tanto, de pronto me gustaba, de pronto lo disfrutaba tanto tanto...


Tuve mi primer orgasmo, intenso, fuerte, ¡¡¡gritado!!! y seguía embistiéndome... fuerte, duro, como era él... Era un amante excepcional, aunque en realidad juntos éramos magia. Me agarraba un pezón, lo masajeaba, lo apretaba, jugaba mientras llegaba su orgasmo... Me tomó de la nuca y puso sus dientes ahí... me mordió mientras eyaculaba. Gustaba el dejarme marcas en lugares donde sólo él y yo sabríamos que estaban.


Estábamos agotados, yo encima de la mesa y el encima de mi espalda... jadeábamos, me abrazaba fuerte... 


No fue mi primera vez con el sexo anal, pero la más intensa, la mejor y la que me dejaría marcada y con ganas de seguir probándolo... Pasó a ser parte de nuestra rutina, pero ahí probábamos otras posiciones... por lo general yo sentada sobre él con mi cuerpo echado hacia atrás de manera que tuviera amplitud para poder masturbarme al mismo tiempo. Y sí, para el resto de las veces hubo que usar algo de lubricante...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cambio de planes (?)


 Cambio de planes (?)


El departamento no podía estar mejor arreglado para un fin de semana completamente lleno de lujuria: velas, aceites, seda, champaña helada y por supuesto todas las ganas de sexear intensamente sin parar todo el fin de semana.

¡Ring!  No me gustó cuando sonó el teléfono.
-“¿Aló?”
-  “Amor, no me vas a perdonar. Ricardo llega a hoy, no tiene dónde quedarse y le dije que puede quedarse en mi depa este fin de semana.”  El mejor amigo de mi pololo llegaba después de mucho tiempo y se hospedaría en su departamento.

Wah, wah, wah, sonó en mi cabeza. ¿Pataleta? ¿Reclamo?

- “¿Y nuestros planes?”  es lo único que recuerdo y no recuerdo su respuesta. Y ahí ya estaba yo, abriendo la puerta para recibir a mi pololo y su amigo.

Ricardo y yo nos conocemos de antes de que conociera a mi pololo.Trabajamos un tiempo juntos y en esas noches de trabajo nocturno habíamos tenido sexo una vez, en la oficina, sexo sin significado para los dos. Casualidades de la vida ambos conocíamos a quien años después sería mi pololo. El tema del sexo nunca fue discutido y creí que no era saludable que mi pololo lo supiera, había sido una sola vez, hacía mucho tiempo y ahora somos todos muy amigos.

La champaña estaba helada, así que para que desperdiciarla. Asumiendo que ya no sería un fin de semana de lujuria me resigné a un fin de semana de tres buenos amigos recordando tiempos.

Descorchamos la tercera botella, ya entre risas y conversaciones lúdicas.

-“¿Recuerdas nuestra noche de lujuria en el trabajo?”  Me preguntó Ricardo dejándome completamente muda y sin saber qué contestar.

La risotada de mi pololo me desconcertó aún más, tendría que estar furioso.

-”No te pongas tan seria, antes de conocerte bien ya sabía del romance de una noche      de Ricardo contigo.”

Se reían a carcajadas ambos burlándose de mí. Me uní pronto a sus bromas y siguiéndoles la corriente morbosa dije:

- “Suertuda yo ahora tenerlos a los dos de frente, con el departamento con el ambiente  listo para sexear. Me daré un banquete esta noche.”

Hubo un silencio y mi pololo se paró de su sillón. Pensé lo peor, me sobrepasé con la broma y se enojó. Se paró trás de mí en la silla, poniendo sus fuertes manos sobre mis hombros. Me masajeaba lentamente no buscando que me relajara si no que me excitara. Sabía bien cómo tocarme para lograrlo. Ricardo nos miraba desde el otro lado del living, sin entender tampoco que hacía mi pololo.

- “¿Es cierto o estabas bromeando?”  Me preguntó susurrando mientras deslizaba una mano bajo mi camisa llegando a mi seno y aprisionando el pezón entre sus dedos.

Sentí la tibiedad de mis fluidos en mi entrepierna. Me excitó tanto su acción como el pensamiento de tenerlos a los dos sexualmente para mí.

-  “No, no bromeo”  sus dedos presionaron mis pezones más fuertes cuando escuchó mi respuesta.

Ricardo permanecía quieto en su silla, mirándonos sin entender que pasaba.

Aún tras de mí, delicadamente tiró mi cabello hasta lograr que mi cabeza se posara en el espalda de la silla. Me besó, su lengua parecía otra, lamía mis labios y masajeaba fuertemente la mía. Sus manos se deslizaban ambas sobre mis senos, masajeándolos, apretando los pezones haciendo que mi entrepierna sudara de pasión.

Me quitó la camisa y desnudó mis senos para que su amigo pudiera ver cómo respondían mis pezones a sus caricias. Me tomó de la mano y me guió al sofá que quedaba mucho más cerca de Ricardo. Sí, yo también quería que Ricardo participara. Había fantaseado muchas veces con dos hombres pero nunca pensé que me atrevería. No tuve pudor, no me dio vergüenza, lo deseaba.

Sentada en el sofá comencé a hacerle sexo oral a mi pololo mientras él estaba de pie. Agarraba su pene entre mis labios, apretaba muy despacio su glande entre ellos y con mi lengua masejeaba su cabeza. Lo metía poco a poco cada vez más profundo en mi boca, masturbándolo desde la base.  Miré a Ricardo y se masturbaba por encima de su ropa. Entendió mi mirada pues se desnudó rápidamente dejándome ver su enorme pene, hinchado y brilloso por su lubricación.

Me recosté en el sofá apoyando mi cabeza en el cojín, sin dejar de chupar el pene de mi pololo. Con un dedo llamé a Ricardo, indicándole que se sentara en el sofá. Así lo hizo. Le tomé su mano y la puse sobre la cremallera de mis pantalones. Supo inmediatamente que hacer. Bajó la cremallera, delicadamente me quitó los jeans, los calzones y comenzó a masturbarme. Sentí en mi boca como el pene de mi pololo se hinchó mucho más y sus venas latían. El ver que me tocaba su amigo lo había excitado en demasía y a mí sentir su pene engrandeciéndose en mi boca me excitaba igual.

Ricardo miraba extasiado mi vagina mientras me masturbaba. Mi clítoris se hinchaba y mi vagina se mojaba cada vez más. Metió su cara entre mis piernas y lamía toda la humedad. Tomaba el clítoris entre sus dedos y lo masajeaba con la lengua. No pude controlar mi orgasmo y aún con el pene de mi pololo en la boca grité de placer. Mi pololo empujó el espalda del sofá convirtiéndolo en una cama. Me tomó por los hombros me movió fuera de la boca de Ricardo. Me acomodó en la cama y me penetró de una, orgasmeé rápida y nuevamente. Ricardo se masturbaba violentamente mirándonos sexear. Mis caderas parecían tener voluntad y mente propia, se movían veloz y armoniosamente como respondiendo los movimientos de mi pololo. Mis gemidos me ensordecían hasta a mí misma, aún no sé si fue un sólo gran orgasmo o decenas de ellos, uno tras otro sin parar.

Ricardo no pudo controlarse y orgasmeó mientras se masturbaba mirándonos. Creo que fue la señal para que mi pololo también tuviera un orgasmo, creo que necesitaba durar más que el invitado, para controlar el ego. Me penetró tan fuerte cuando estaba orgasmeando que toda mi entrepierna lo sintió y apretó en su propio orgasmo. Se tiró sobre mi cuerpo y me besó tiernamente preguntándome si estaba bien.

Todo fue tan normal en los tres, nos levantamos, nos bañamos, comimos algo, platicamos un poco más y dormimos. El “después de” no fue incómodo para ninguno de los tres.

Mi fin de semana de lujuria, el que pensé arruinado por la visita del amigo, terminó siendo uno mucho más interesantemente sexoso que el que había planificado.

El domingo despedimos a Ricardo. Volvimos al departamento e hicimos el amor hasta quedar rendidos. Nos seguimos viendo, pero nunca más hemos tenido otro ménage à trois. Seguimos siendo grandes amigos pero ¿quién sabe? ¿una vez más?


viernes, 25 de noviembre de 2011

La Despedida



La Despedida

“He tomado la decisión de parar, literalmente. Girando
sobre mis pies acalambrados, dejé caer mi cuerpo medio molido, medio entumecido
en un rinconcillo de mi cama. Intenté cubrirme con una colcha, pero me desanimó
la idea de la tela gruesa ahogando mis sensaciones y otra vez me quedaré en
ideas estériles. En una acción incontrolada, he dejado que mis dedos intenten
descifrar las emociones que han atolondrado mi cabeza este último tiempo.Temerosa del resultado, he apostado que hoy sí seré capaz de desnudar mis
emociones y compartirlas contigo”.


- Me dicen los niños que pediste que bajara a hablar contigo ¿Qué quieres decir? Ya te he oído y sé que vienes a pedir perdón nuevamente. Déjame hablar: “Hace poco he resurgido. Si me preguntas, desde que te dejé he nacido. Aún no sé caminar sola y varias veces he vuelto a trastrabillar, no me han bastado mis propias manos para enjugar los lagrimeos que dejan mis ojos acuosos; pero he renacido, aun viéndome desprovista de aquel refugio que, a puño de esfuerzo, desgarró nuestras manos cuando pretendimos levantar tu casa, esa que compramos juntos y que fue nuestra.
Parece que me viera desnuda corriendo presurosa a esperarte en nuestra cama, me parece sentir el olor que emanaba de tu cuerpo sudoroso. ¡Cuánto me fascinaba verte empuñar el martillo, levantar la carretilla preparando la mezcla! Recuerdo que reía, hace unos días habías robado la fórmula al maestro que un par de días había terminado de levantar el muro medianero… te sentía tan capaz, te veías tan atractivo todo desmarañado mientras me guiñabas un ojo cuando te espiaba. Admiraba esa metamorfosis constante en ti: de lunes a viernes te zambullías entre tus libretas, libros y apuntes. Todo atiborrado entre tu bolso y tu laptop me hablabas de geografía, de Gianini, Maturana y la socialización primaria, de Nietzsche, de Marx, repasábamos mis clases, yo te hablaba desde mi cotidianeidad. Ahora que lo pienso, intentaba hacerme oír. Sí, yo terminaba balbuceando mientras tus frases aplastaban las mías, había tanto que hacer en tu escuela, eran tan maravillosos los niños en tu aula… A propósito de niños: los nuestros aún no olvidan la despedida ¡Qué triste! ¿Verdad? Bueno, yo me esfuerzo en contarles cuánto les amas, les explico que entre nosotros ya no hay amor, les hablo de nuestros paseos, de nuestras aventuras, me cuentan de sus vacaciones en la parcela de tu abuelo, que les enseñaste a nadar en el Río Claro, que salen a cazar. También, por fin he visto como usan las bicicletas sin ruedas laterales… me habían contado, pero no había forma de verlos mientras no tuvieran bicicletas en esta otra casa…

- Me preguntas qué siento: Pena ¿qué crees? Me duele tanto como a ti perderme sus victorias. Te confieso que a veces me gana la descordura y en un gesto inhumano les respondo que tú me castigaste, que por eso ya no estoy a tu lado.
- ¿Qué dices? Lo sé, los niños no tienen culpa, tampoco yo y dices que tampoco tú… Abrigábamos tantos sueños, nos entregamos todo. Te adjudiqué todo, hasta mi último soplo de ilusiones. Es cierto, ya no te amaba, pero había intervalos en que me hacías inmensamente feliz, sobre todo sentía una gran admiración por tu fuerza, la misma fuerza que laceró mi cara, la misma fuerza que golpeó mi ego, mi autoestima… guardemos silencio, no te estoy culpando sólo intento perdonarte…
- ¿Cómo? Sí, lo recuerdo. Muchas veces, ansioso después de amarnos me preguntabas ¿eres feliz? Muchas veces me mordía la comisura de los labios y te respondía “sí, soy feliz” y venías incauto a preguntar ¿me amas? Las dudas no eran sólo mías: Hagámonos cargo, tu incertidumbre poco colaboraba a estabilizar mis emociones, sin embargo, había prometido envejecer contigo, criaríamos gallinas en una casa de campo ¡cómo te gustan los huevos frescos! ¿Recuerdas cuando dibujábamos los planos de la casa que levantarías? Seríamos maestros de escuela… Ya lo sé, hoy eres un maestro respetado y yo sigo sentada tras un módulo esperando que pase el siguiente… el siguiente pensamiento que hace que logre abstraerme de mis debilidades.
Si no hubiese vuelto a nacer, seguiría admirándote, imponiéndome amarte. Aún se presentarían esas tertulias en que nos dábamos maña para robarle minutos al tiempo ¡cómo se amaban nuestras miradas! ¡Cómo guardábamos silencio cuando el otro acaloradamente presentaba un argumento! ¡Qué dispares pensamientos y qué maravillosa capacidad de conjugar ideas!Sí, yo me quedé en silencio cuando te fuiste adueñando de mis palabras, de mi lenguaje, de mis movimientos, cuando me sentí tan invalidada que te autoempoderaste de la misión de controlarlo todo ¡Que hosca me volví! ¡Qué desmarañada y poco agraciada me veía! ¿Verdad? Tienes razón, no soy tan atrayente como a lo fui a los dieciséis años y no soy tan locuaz y divertida, pero hay algo que no logro comprender: ¿por qué cuando me presentabas a tus pares decías ella es… acaso referías a una mujer que ya no estaba? Decías amarme, vivir para hacerme feliz, para levantar nuestra casa, la misma de la que me desproveíste cuando decidí hacer caso de tus constantes expulsiones.
- ¿Me dices que nunca fue tu intención? Pienso que no fue tu intención que yo reaccionara a tus lapidarias sentencias. Hay una que aprendí de memoria, tal vez de tanto oírla: “O haces lo que yo te digo, porque es lo mejor para nosotros o te vas sola, sin tus hijos porque ya no serán tuyos”.
Cuando arranqué de tus ojos enfurecidos, de tus manos golpeadoras, recordé un cuento: Barba azul ¿sabes que su última esposa se salvó de la muerte por su astucia? Mientras proferías tus amenazas, tu decisión de quedarte con nuestros hijos y mi expulsión de tu casa sólo pensaba en lograr tomar mi teléfono. A todo te dije que sí, te respondí que tenías razón, que yo era una mala madre, una mala esposa, que nada hacia bien, que mis hijos no serían para mí. Mi teléfono era lo único material que me quedaba. Me senté en un banquillo en ese parque que jugábamos con nuestros hijos y lloré. Tuvemiedo, me asustó creer que estaba inválida e incapaz sin ti, me asusto perder esa casa linda que remodelabas para mí ¿dónde albergaría ahora a los nuestros? 

Recuerdo que intenté llamar por ayuda, no se qué pasó que mis dedos no atinaban a dar en teclear los numeritos… nada, todos errados. Comencé a vagar, a alejarme, pensando en cómo sacar a mis hijos de tu lado y grité con tanta violencia ¡quédate con todo, pero a mis hijos no me los arrebatas! Grité con tanto desespero que las palabras no fueron expulsadas de mi boca. Aún así, impregnadas de tanto consentimiento fueron a grabarse en mi pecho, traspasando mis carnes se adosaron en mi alma. Miré mis manos apretadas, arrimado en una estaba mi teléfono, recordé para que rogué tanto salir con el aparatito y pedí ayuda: así llegue desde una comisaría a la reja de tu casa informándote que sólo entraría para recoger a nuestros niños.
- Me preguntas ahora por qué no me defendí ¿qué sacaba con intentarlo? Sólo  exacerbar tu violencia.
- ¿Que recuerde que era la primera vez? era la primera vez que tus puños me golpeaban ¿pero tuspalabras? ¡Cuánto me humillaste!
- ¿Sabes por qué no me violentaste antes? Porque yo decidía callar, erróneamente pensaba que pornuestros niños era mejor el silencio ante tus palabras desmedidas.
- ¿Que nunca me ofendiste? No he dicho que profirieras palabras groseras. Hasta para insultarme utilizabas tu retórica. Tu buen lenguaje, tus frases finamente elaboradas nunca se descompusieron producto de tu furia.
- Me dices que aún puedo volver a nuestra casa. Lo sé, en nuestra sala de estudio vacío el espaciodestinado a mis cuentos, a mis dibujos, a mis cerámicas, mis tejidos inconclusos… como cada nueva espacie q emerge de una infatigable habilidad para crear, pero ¡vaya cosa! a medio andar me abandonan las fuerzas…

Hoy te veo pasar, recoges a nuestros hijos, me miras y bajo tus cejas, tus ojos me siguen buscando. Sólo en tu iris veo lo diminuto que ahora tú te sientes desprovisto de mí. Yo creí en ti, tú creíste en mí. Ambos nos faltamos, pero tú desesperaste más que yo. Tú tienes tu casa, nuestro perro, nuestras plantas.
Te quedaste con mis risotadas, con mis palabras de baja crianza, con mis orgasmos ¡cuánto me gustaba el sexo contigo! Creo que era lo único que nos hacia encontrarnos. Me cuentas que las paredes de las nuevas habitaciones están listas… gracias YO TAMBIÉN ESTOY LISTA PARA CAMINAR SIN TI…

La formidable manera de expresarte, tus manos fuertes y tu infatigable agilidad se confabularon para castigarme. Tus manos… ¡cómo gozaba sintiéndolas casi volátiles recorriendo toda mi piel! ¡Cómo me deleitaba cuando te pedía que dejaras de usar tus ojos para mirarme, que me vieras con la yema de tus dedos y el inicio de de tu lengua… como me hacías zarandear! Yo juré quedarme a tu lado toda la vida, sólo te exhortaba a que me dejaras ser, a que no te afanaras en forjar una mujer que no existe.

- ¿No me crees? Me reconozco así, tal cual soy: un poco gata, un poco descuidada, huraña, arremetida de risotadas.
- ¿Sabes qué? He retomado la vieja costumbre de reír, de gozar de lo inconsistente, de la algarabía, de amanecer creyéndome princesa, de dormir riéndome de ser perra, de vestirme de bella, de mujer fatal, de niña, de anti mina, desparpajada, de cubrir mis pechos, mis nalgas, mis piernas según el primer pensamiento de mi día, jajá… Si! Es verdad, siempre me repetías que te fascinaba imaginar cual de las muchas mujeres que se esconden bajo mi piel llegaría a nuestras citas. Decías amarlas a todas. Ese cambio, esa travesura que tanto te gustaba de mí, esa que en los años de convivencia te fue exasperando provocándote tanta molestia…tanta, que insistías tanto en enseñarme modales de señora.
- ¿Porque esa mirada tan lánguida? No te creas, tras mis carcajadas, mis palabrotas, mis osadías, también sigo sollozando, Sí, a mí también me apena que no resultara. Cuando hablo de ti, ensalzo tus cualidades, eres tan dedicado a tu casa, a tus hijos, trabajas incansablemente… pocas veces he visto que enciendas un cigarrillo ¡cómo me gustaba compartir un trago contigo! sabias medirte.
- ¿Pero porque esa arrogancia? ¿Porque pretendías ser infinitamente superior a mí, a tus  congéneres, a tus colegas, a tus pares? Si eras tan enaltecido ante mí ¿por qué iniciaste una arremetida de descalificaciones? ¿Por qué tenías que golpearme?

…Lo sé, sé que tu casa está ahí, que no hay mujer para ti q no sea yo, sé que aún me esperas…

- ¿Tres meses? ¿Ese fue el desenlace lapidario que pronosticaste? Recuerdo que declaraste cuando te preguntaron por mi ausencia: “Tres meses y tendrá que volver bajo mis reglas”.
- ¿Te niegas a contar el paso del tiempo? Mejor no la hagas, pierde cuenta de los días que restaste a nuestra vida juntos. No me he sometido, aquí me tienes mirándote de frente y altanera como cuando éramos mozuelos. Caprichoso destino.
- ¿Que me amas? Déjame decirte lo que pienso. Sólo te amas a ti mismo, eres tan todopoderoso que no toleras mi abandono ¿Por qué no amas a esta mujer que se juega el pellejo, que compratreinta días de techo, treinta días de pan, leche, colegio y entre tanto se da maña para ser ella? ¿Te enteraste que he vuelto a mis clases? ¡Sí! He retomado, ya no soy la alumna brillante que era cuando estaba a tu lado, me está costando, pero ¿sabes? me ha servido para no mirar desdeñosa a mis compañeros de bajos logros. He entendido que no siempre los resultados son favorables y lineales al grado de esfuerzo. ¿Sabes qué? De una u otra forma siempre vivo los dos polos de una misma realidad.

- ¿Me pides que guarde silencio? ¿Por qué he de callar? NO SIENTO VERGÜENZA DE MI HISTORIA, SOY UNA MUJER COMO TODAS, con fracasos emocionales, pérdidas materiales, amores desventurados ¿quién no los ha vivido? no han sido las más acertadas mis conjeturas, mis elecciones, pero me juego la vida por no dejar de creer. Creo en ti, creo en tus méritos, que por cierto ya enuncie. Pasa que en tu amor no creo ¿cómo creer en lo que no existe? Si me amaras como dices, gozarías con haberme visto nacer desde que salí de tu cómoda casa con las manos agarrando nuestros chiquillos y en la espalda una mochila con la desesperanza, la pena, la incertidumbre y el miedo… ese día iba tan abstraída que la perdí, en buena hora quiso la providencia que así fuera. Dejé la bolsa olvidada y así más liviana y ligera de culpas he podido avanzar. Mira donde estoy, no es mi final ¡mira! ¿Logras ver? Vaya, aún ves a una mujer invalidada ¿sabes cómo me veo yo? subiendo una gran escalera, habré sorteado tres o cuatro peldaños. Jajaja ¡sí! Esta empinadísima y parece interminable. Sólo es subir, si en algún tramo me canso me siento a pensar, como ahora…

Sin embargo, hay algo que sí me preocupa: esa bolsa que deje en  el micro en el que partí desde tu casa… creo que he encontrado a un par de mujeres que la han tomado para sí, he intentado decirles que en ella no hay nada bueno, pero no se atreven, no me escuchan, oscilan en el umbral de sus puertas. Si fuéramos capaces de hablarles en conjunto… tal vez esos hombres que neutralizan a sus mujeres al igual que tú creen que nunca se verán solos. Te invito a no dejar que nuestra historia se farree la oportunidad de arrojar algo bueno. Hablémosle de lo medular de lo que fue lo nuestro. Mira, mientras tú te decides yo iré contándoles lo que hoy he hablado contigo, pausado para que no se asusten, no quiero infundirles más miedos… miedos que no les dejen ver la grandeza de ser mujer.