sábado, 19 de mayo de 2012

El balcón de la lujuria




Tuve un romance que no prosperó ¿Causas de la vida quizás? Pero han pasado algo más de tres años y nuestros encuentros furtivos jamás confesados a las amigas en común, hasta un corto tiempo atrás, continuaban intermitentes acaeciendo.

El único alargado periodo de lejanía sexual, fue cuando me las di de noviecita, sí, una linda relación de doce meses exactos. No puedo con la culpa, si me establezco en una relación me comporto, pero más allá del deber a otro, es un asunto de lealtad a mi decisión, pero que bah, explicarlo es asunto para otro texto.


El es medio “puto”, no es un hombre que te voltees a mirar en la calle, pero no sé qué extraño magnetismo le hace siempre ser macho en cama de mujeres agraciadas e interesantes. En todos estos años, la mixtura de formas corporales, colores de pelo y profesiones de las féminas es de lo más variopinto. Quizás, su expertis se deba más que a su arte, a su saber como  psicólogo.

Entres esos ires y devenires de cuanta hembra le he contado, muchas veces cuando a mí y sólo a mí me entra en ganas, le visito, me entrego a un masaje a sus manos buscadoras, me cuelo en su cama y hacemos terapia sanadora sin diván, pero con ejercicios de motricidad gruesa sobre el colchón.

Una tarde recibí un llamado, fue de esas horas en que se conjugaba la corta localización geográfica la una del otro, la líbido en alza y el macho cumplidor a disposición. No fueron más de cinco minutos en taxi, llegue a su departamento y había un par de amigos, charlamos un rato y nos retiramos a su dormitorio. La noche nos acariciaba tibia, salimos al balcón contiguo y recordó la tarde que llegué a su puerta de abotonado abrigo negro y medias al mismo tono, que para su sorpresa y placer visual a desprenderme de la prenda estaba mi piel desnuda. Mientras me hablaba yo mecía la copa en mi manos y comencé a rozar mi pierna derecha sobre la izquierda, mis ojos sobre los de él y medio mordiéndome la boca, me miraba mis piernas que sobre la silla parecían interminables de largas… quedó en silencio y me dijo,

- me provocas
-créeme, SI fue mi intención, respondí
Separé sutilmente las piernas mientras mis dedos se deslizaban  unos centímetros más arriba de mi rodilla, rondando en zigzag hacia mis muslos para volver casi a mis rodillas… con voz pausada  me preguntó,

-bajo esa falda no hay ropa interior, ¿verdad?

Seguí en silencio y el frotar de mi piernas aún continuaba siendo rítmico era más marcado, hasta que mi pie descalzo fue a reposar en su entrepierna y los dedos ejerciendo sutil presión sobre su abultada masculinidad latiendo.

La brisa tibia nos llegaba quemante, me sugirió volviéramos a la habitación, sonreí e hice un gesto.

-acá

Escudriñé la distancia del edificio al otro lado de la calzada y los departamentos que tenían las luces encendidas estaban en un ángulo impreciso para fisgonear abiertamente las contorsiones que vendrían.

Arrinconó las sillas y sacó un colcha de su cama para acunar nuestras lujuriosas jactancias. Extendido en el balcón, con el claro de la ya luna sobre su iris me deslice sigilosa desde el extremo avanzando cual gata a punto de atrapar su presa, montada a horcajadas sobre su sexo erguido rozando mi vulva sin prenda interior comencé a zarandearme entre gemidos y espasmos.
 
Me estiré sobre él y comencé a retroceder, lamiendo su muslos, sus pantorrillas su empeine, de cuando en vez cruzando miradas fijas…hasta volver a su entrepierna deleitando mi lengua con su sexo abultado dentro de mi boca, mis labios presionando suavemente se deslizaban hacia la extremidad, para volver a bajar suaves al comienzo de su sexo.

Me desprendí de mi deleite, pasé mi dedo húmedo sobre su bálano y lo lleve a mi boca para lamer su condensado placer, arremangue mi falda y me monté sobre él…en culminaciones sucesivas caí exhausta sobre su torso desnudo.

Me declaro demasiado simple, no tengo maestría alguna, más mi lujuria se desata sobre un varón deseándome, me excita un hombre ardiendo, ese copular lo guardo entre mis memorables… ¿La noche?... ¿el balcón?... ¿Mi pelo que a ratos se asomaba por sobre el medio muro sólido?... Poderosos afrodisíacos que me arrancaban espasmos uno tras otro.

Como relaté al principio hace un tiempo que no nos vemos...


#LasPerversas

sábado, 12 de mayo de 2012

La adrenalina...


Una de cada diez personas tiene sexo en la oficina

Hace rato que no tengo tiro, más que por falta de candidatos, es porque ando quisquillosa... no sé... no quiero tirar con cualquiera. Estoy media aburrida de saltar de cama (que no es malo, pero me da por épocas).

Y como ando media falta de sexo, me da por recordar... ando nostálgica del roce. No tiene que ver con el orgasmo, creo que lo he dicho antes, pues el orgasmo puede llegar con la ayuda de mis ágiles dedos o con alguno de mis vibradores... ¡no! Quiero roce.

Este exceso de recuerdos me llevó a mis TOP 5 (estoy enamorada de Rob Gordon) y entre medio y en eso se me vino a la cabeza y a la entrepierna un recuerdo vívido... Estoy sentada en la silla y escribiendo en el escritorio que nos sirvió de arranque pasional. Sexo en la oficina... ¡¡¡Qué wevada más rica!!!

Empezamos por falta de tiempo para irnos a otro escenario y se nos hizo media costumbre porque es maravilloso conjugar calentura con peligro (quien haya tenido sexo en un lugar público sabe a lo que me refiero). Mirar hacia el horizonte con la sospecha que desde otro edificio te ven con el vestido arremangado, las manos apoyadas en la mesa, piernas abiertas y un hombre contonéandose suave y brusco detrás tuyo...

Confieso que es uno de mis lugares favoritos para un polvo express, no sólo porque tienes rincones cotidianos que transformas en excitantes escenarios, sino porque siempre está la posibilidad que alguien se devuelva porque se le quedó algo o que te vean desde el edificio de enfrente.

Sí... tener sexo en la oficina me calienta. Sentarme en el escritorio de la peor compañera mientras mi macho me embiste es uffff. Hacerlo en la sala de reuniones... en mi escritorio... en el de mi jefe. Esperarlo sin calzones sentada en mi escritorio. ¡Quiero!

La altura del escritorio da un ángulo de penetración maravilloso, media echada hacia atrás, piernas abiertas y pie apoyado en una silla para mayor estabilidad. Sentada en el mueble que es más alto y él sentado en una silla haciéndome sexo oral, con mis piernas apoyadas en el respaldo de la silla mientras él queda perfecto para saborearme. Él sentado en la silla y yo cabalgando sobre él. Yo apoyada en mi escritorio, con la cola muy parada para que pueda embestirme lo más duramente que pueda.

La primera vez que lo probé como escenario fue con un amigo. No nos aguantamos la pasión y en vez de pasar a buscarme para irnos a un motel, terminamos tirando arriba de la mesa de reuniones. Me gustaba esperarlo en verano sin calzones, de manera de ir calentando el ambiente; entró a la oficina, donde debí quedarme trabajando horas extras por la gran carga laboral, me abrazó fuerte con un beso en la mejilla y en vez de soltarlo, le agarré una nalga con una mano y con la otra, rocé levemente su entrepierna. No bastó ni medio segundo para que se parara como un gran mástil.

Bajó su mano hacia mi culo, levantó el vestido y me apretó. Lanzó su chaqueta, se desabotonó el cuello de la camisa, aflojó la corbata, me dio vuelta y me apretó contra su pene, su delicioso pene, mientras me masajeaba las tetas y yo, con mis brazos hacia atrás, acariciaba su cabeza. Bastó un minuto para que llegáramos a la sala de reuniones, donde me sentó en la mesa y comenzó a hacerme sexo oral. Cada lamida en mi clítoris hacia que mi pezón se erguiera tanto que amenazara con salir del vestido. Estaba lista, preparada y él lo sabía bien. Se puso el condón que traía y me penetró. Mi cuerpo se echó por completo en la mesa de reuniones, mientras abrazaba sus caderas con mis piernas... mis pantorrillas lo apretaban fuerte para que la embestida sea más poderosa.

Estuvimos unos cortos minutos así, pues rápidamente me levantó de la mesa. Se sentó en una de las sillas que tenemos alrededor de la mesa y me senté sobre él, mirándolo a los ojos me moví en círculos, de atrás hacia adelante, de abajo hacia arriba. Una de sus manos me tomaba del culo para que me sintiera más segura y su otra mano jugaba con mis tetas, llevándose mi pezón a su boca... lo chupaba, lo succionaba... mientras yo estaba con una oreja parada por si a alguien se le hubiera ocurrido devolverse.

Cambié de posición y me senté de espaldas a él. Me metía su pene, mientras mi clítoris quedaba a su y a mi disposición para el juego. Sólo un par de embestidas, masajeando mi clítoris, nos llevó a un orgasmo. Sonoro, quejumbroso, caliente... sentía cómo mis fluidos me mojaban... no quería ni moverme... ¡¡¡Ruidos!!! Me levanté rápidamente, buscando mi vestido y él se subió los pantalones a la velocidad del rayo... ¡¡¡falsa alarma!!! era en la oficina de al lado que sonaba un manojo de llaves... pero eso a mi me puso a mil.

Desde ahí uso mi oficina como un segundo motel sin costo, donde el mobiliario hace maravillas cuando se sabe usar.


#LasPerversas

sábado, 5 de mayo de 2012

Perversa sabiduria




Pasaron 14 años desde aquella historia aquí narrada "En cuanto lo vi" (mi primera vez... )
hace algo más de poco tiempo apareció el mensaje
“Estoy en Chile por unos días, si puedes y quieres, podemos tomar un café” 

Todos los recuerdos se me vinieron de golpe, me puse ridículamente nerviosa, 
marcaba el número que me había dejado y se me hacía imposible comunicarme, 
me sudaban las manos, mi respiración era agitada, caminaba de allá para acá intentando marcar el bendito número y no me resultaba... como muchas otras veces, recordé a mis amigas, #LasPerversas me podrían ayudar, les conté que pasaba, aún recuerdo ese mail de ellas: “marca tal cual como está escrito acá” ... marqué... Su voz y su risa eran las mismas que hace 14 años atrás.

Pasé a buscarlo, nos fuimos a almorzar, tratamos de resumir todo lo vivido durante estos años, en ese par de horas, nos mirábamos como aquella primera vez que nos vimos, los recuerdos se vinieron para ambos, reíamos, recodábamos y volvíamos a reír.

Él está casado hace 10 años, tiene 2 hijos y me contó que es feliz y el sólo escuchar eso, me hizo feliz a mí. Al día siguiente tenía una presentación importante, su español no se ejercitaba desde que se fue de Chile y me pidió que le revisara si se entendía, nos fuimos a su hotel y revisamos todo lo que iba a presentar, es un hombre brillante, inteligente como pocos he conocido y estaba todo perfecto.

De pronto me abrazó, no pudimos contenernos y nos besamos, en ese mismo instante, sentí todo el deseo guardado por años, era increíble lo que ese hombre me podía provocar pese al tiempo transcurrido, tan sólo un beso bastó para que sintiera como me iba humedeciendo... Me miró fijamente y me dijo:

.- ¿Cómo habría sido todo si me hubiera quedado en Chile o tú te hubieras ido a mi país?, siempre me lo pregunto.-
.- No lo sé, yo siempre me pregunto si lo que vivimos, habrá sido tan importante para ti como lo es para mí.-
.- Fue importante, muy importante y fue maravilloso.-
Comenzamos a besarnos, me subí sobre él y la pasión lejos de disminuir con los años, aumentó. Sabía como tocar mis pechos, como rozar con sus labios mis orejas. Sentía su pene inmenso y duro por debajo de su pantalón.
Besaba mi cuello, chupaba mis pezones y yo sentía que sólo eso bastaba para llevarme al cielo. Comencé a moverme en círculos sobre él, mis pechos quedaron perfectos en su boca, yo sentía que en cualquier momento, ese sólo roce con su delicioso e inmenso pene y aún sin sacarnos la ropa, me haría tener un orgasmo increíble... Pero me detuve de golpe, yo conocía a ese hombre y era necesaria mi pregunta:
.- ¿Haz estado con alguna mujer que no sea tu esposa, desde que te casaste?.-
.- Me conoces bien, muy bien... No, no he estado con ninguna otra, por eso tenía miedo de verte, sabía que contigo se me haría difícil, no quiero engañar, no quiero traicionar, pero me cuesta mucho no querer estar contigo.-
En ese momento creo que volví a sentir un poco del amor que le tuve 14 años atrás, nunca me equivoqué cuando lo elegí...
- ¿Sabes? todos los recuerdos que tenemos el uno del otro, son buenos, no quiero que cuando llegues a tu casa, los recuerdos que tengas sobre mí, sean de culpa. Me encantaría estar contigo, eres capaz de provocarme un orgasmo sin siquiera penetrarme, pero por esta vez, dejaremos a la perversa a un lado, por esta vez traeremos a esa niña que te regaló su virginidad y seguiremos felices, sabiendo que en 2 extremos del mundo habemos 2 personas recordándonos siempre, sólo con felicidad...
Nos quedamos abrazados... al irme me dio un beso muy dulce, me miró con esos azules y profundos ojos suyos y me dijo
“nos vemos en cualquier otro momento de nuestras vidas”

#LasPerversas

sábado, 28 de abril de 2012

Como arena en la playa




Como arena en la playa
El agua bamboleando sobre la húmeda arena. El jadeo de esa ola espumosa mientras se retira de la piel de la Tierra. Los residuos salados en la orilla arenosa cubierta de algas despeinadas. Mar violentamente tomando el sexo de la arena. La playa es aliciente a mi sexo.

“¡Vamos a la playa!” gritaron al unísono mis amigas una tarde dominical donde la modorra nos estaba consumiendo el cuerpo. No me podía negar, el calor de la tarde, el aburrimiento acostumbrado del domingo, me hacía desear con ansias la húmeda arena entre mis pies y el viento salino en mi cabello. De camino compramos cervezas, muchas cervezas. Seríamos sólo nosotras, cuatro amigas con calor y ganas de tomar cervezas .

El lugar lo conozco bien, desde la infancia en los viajes de vacaciones con mis padres, hasta mis escapadas para respirar de la ciudad. No sé los nombres de los vecinos, pero los conozco a todos, uno en particular me llama la atención desde hace mucho tiempo.

No sé su nombre, pero me sé de memoria como cae su largo cabello ondulado en su ancha espalda. Me he memorizado por años el color de su piel, marrón con destellos de dorado. Me ha sonreído y saludado de hola todos las veces que nos hemos encontrado a través de los años, mas nunca hemos conversado.

Esa tarde, mientras nosotras nos deleitábamos con cervezas heladas, ostras y la vista increíble que nos proporcionaba el balcón del mar, el negro, así lo llamo en mis fantasías de mar, llegaba de haber sacado mariscos varios. Lo vimos atar su pequeño bote al muelle y entre risas y muchos salud les conté a mis amigas que fantaseaba con el negro siempre que iba a la playa.

Cuando pasó por el balcón, nos sonrió y gritó hola, como siempre. Esta vez mis amigas sabiendo de mis fantasías y un tanto más alcoholizadas que yo, lo llamaron a que llegara al balcón, cambiaríamos cervezas heladas por algunos de sus mariscos recién sacados. Su carcajada me hizo temblar de deseo. Accedió pero pidió que esperáramos mientras se duchaba. En ese rato, el plan de las amigas:  lo sentamos a tu lado, le tiramos indirectas, le coqueteas, inventamos excusas y nos vamos para que te quedes sola con él.

Regresó el negro cargando el tesoro del mar que había sacado, limones, salsa picante y más cervezas. Presto se sentó a mi lado sin que el plan se tuviera que poner en efecto. Me saludó y me llamó por mi nombre, me sorprendió que lo supiera pues yo no sabía el del. Abría los mariscos y nosotras abríamos más cervezas.

El negro aún sentado a mi lado me tomó la mano y la aprisionó entre su muslo y su propia mano. Lo miré y su sonrisa no era la misma, estaba llena de lujuria y de la candencia del mar. Me gustó que me mirara así, le respondí la sonrisa y moví mis dedos aprisionados acariciando su muslo.

Sin aviso alguno se sentó frente a mí y comenzó a besarme las piernas bajando hasta los dedos de mis pies. No le importaba que mis amigas estuvieran allí mirándonos, ahora un tanto sorprendidas de las acciones del negro. Deslizaba sus manos por mis piernas llegando al interior de mis muslos, seguidas por sus labios y lengua. No me daba vergüenza que mis amigas estuvieran ahí mirando lo que pasaba, en realidad le añadía más morbo a la escena ya cargada de morbosidad. No duró mucho el tiempo de exhibirnos, las amigas entendieron que lo que había comenzado tan caliente no podía sino tener un final aún más candente y se fueron.

Realmente no nos dimos cuenta cuando se fueron, él se deleitaba tocando mis piernas llenándolas de besos y de saliva yo me me concentraba en disfrutar las caricias de quién había sido mi fantasía de playa por tantos años.

De un empujón movió la silla donde estaba yo sentada, hasta dentro de la cabaña. Se arrodilló frente a mí me abrió las piernas, me quitó los calzones, acercó su cara a mi entrepierna y suavemente con la punta de su lengua tocó mi clítoris. Me achiqué y mis hombros tiritaron ante la sensación eléctrica que sentí a la unión de su lengua con mi clítoris. Sus dedos separaban los labios dejando al descubierto el hinchado y arrebolado clítoris. Lo escuché gemir como cuando se desea un plato de comida deliciosa. Y así mismo se lo comió. Metió todo el clítoris en su boca y mientras succionaba lo apretaba con su lengua. Sus dedos separaban los labios acariciándolos de arriba a abajo. Cambiaba su cara de posición sin abandonar la succión del clítoris que ya me daba señales de un orgasmo. Puedo imaginar que en su lengua podía sentir como latía mi clítoris y adivinó que estaba a punto de orgasmear porque metió en mi vagina dos de sus largos dedos, presionando son suavidad el punto-g. El orgasmo fue instantáneo en ese momento, me enloquece estar a punto de tener un orgasmo clitorial y que me penetren de alguna forma segundos antes. Gemí, no grité, sentí como todos mis jugos vaginales me bajaban por el NIE hasta el ano, mojando a su vez la silla.

Se desnudó, y su pene era tal como el mito del pene de los hombres negros, largo, ancho y cabezón.  Se masturbaba dejando salir los primeros trazos de lubricación. Intenté tocarlo y me alejó la mano. “Mírame, y mastúrbate tú ahora, así de mojada como estás” El sonido de esa orden impúdica accionó las contracciones de mis paredes vaginales estimulándose solas. Mis dedos apenas podían tocar el clítoris después del primer orgasmo. Me acariciaba los labios, el NIE, el ano, me introducía mis dedos en la vagina, pero no me estaba masturbando para orgasmear, el clítoris estaba muy resentido para volver a latir como antes. El negro se reía, creo que se daba cuenta de lo que me pasaba. Se puso su condón, me levantó de la silla y me puso en cuatro en el catre que hace de cama en la cabaña. Sólo metió la cabeza y sus dedos buscaron la lubricación que aún goteaba de mi orgasmo anterior. Me embadurnaba el ano con la lubricación y poco a poco metía más de su pene en mi vagina. Mis espalda se arqueaba tratando de que su pene entrara más a mi vagina y que los movimientos de bombeo constante comenzaran. Metía los dedos en mi ano y un poco más de su pene en mi vagina, no se movía, sólo metía un pedazo más. Acomodó sus caderas y pensé que al fin lo metería completo, hizo totalmente lo opuesto, lo sacó todo de una y fuerte. Sonó como la salida abrupta de un corcho de la botella de champaña.

Me di por vencida y bajé mis brazos recostando mi torso en el catre pero dejando la cola bien parada, para que él viera como aún me lubricaba. Tomó mis caderas con ambas manos, y de una metió la inmensidad de su pene en mi vagina y bombeaba circulares movimientos que aminoraban el dolor inicial que sentí al tener su pene dentro. Me empujaba hasta chocar mi cabeza contra la pared. Mi vagina latía en un orgasmo constante, los fluídos mojaban ya mis muslos y salpicaban su pelvis. Dejó de moverse y metió todo su pene en mi vagina, sentía los huesos de su pelvis en mi nalgas, mis gemidos y gritos no pudieron acallar el grito del negro cuando tuvo su orgasmo. Dejé caer mi cola y el se movió al lado mío, me volvió a sonreír como todos los días antes de hablarnos. “Esto tenía que pasar” dijo. Sin aliento asentí con la cabeza y nos reímos a carcajadas. Nos dormimos abrazados y sexeamos varias veces más durante la noche.

En la mañana desperté y ya tenía desayuno costero en la mesa. No fui a trabajar, me quedé disfrutando de mi fantasía de la playa por un día más. Nos vemos en la misma playa todos los fines de semana, ya no somos dos extraños que deseaban la fantasía de playa, ahora somos exploradores de sensaciones en nuestros cuerpos descubriendo zonas, unas abandonadas y otras aún vírgenes. Mis amigas con cierta envidia fantaseosa en pos de broma, pasan por mi casa y siempre me gritan “¡Vamos a la playa!”





#LasPerversas
@MalaDeAdentro @Sita_Marilyn @LimarySanchez @eLe_enletras

sábado, 25 de febrero de 2012

No sólo mis dedos son un secreto



No sólo mis dedos son un secreto 

No tengo pareja estable y admito que a veces sí ha sido mi tema. Oscilo en una mixtura de estados emocionales, empero he aprendido a disfrutar tanto mi “siempre sola” que estabilizarme en una relación, desde hace un par de años no constituye un imperativo. Creo que la masturbación está concatenada al dominio de nuestra sexualidad, la comunión mente/cuerpo a través de la exploración nos devela nuestros “puntos” placer. A veces, alcanzar el gozo en soledad puede perturbar un poco… al menos así me pasó a mi, mis amantes, aún me arrancaran orgasmos, no eran comparables a la maravillosa contracción de mi vulva sobre mis dedos, durante un tiempo decidí “asexuarme” y finalmente deseché también la auto estimulación a fuerza de olvidar las sensaciones y re comenzar sobre una cama desde cero.

Esta última voluntad no alcanzó a prevalecer un mes… transcurridas un par de semanas salí con un ex novio, han transcurrido varios y más años desde que terminamos nuestra larga relación. Me contó que había leído bastante sobre mi antes de llamarme “Internet es un herramienta poderosa” me dijo.

En el bar del Barrio Brasil conversábamos en un apartado brindando con mojito de rosa yo, mojito sandía él.  Me contó que había descubierto cierto blog y creía reconocerme en ciertos relatos. Sonreí y le respondí, había un código de honor, la autoría no se revelaba.  

Me hablaba de la sincronización del hallazgo y su nueva temática de interés: el erotismo, literatura, relatos, sexualidad y como nos relacionamos desde lo sentidos con el otro. Me contó su interés por alguien menor, se sentía obnubilado por aquella femenil y grácil mujer, que para desgracia de él, su sexualidad es lesbia.

Me preguntó abiertamente si me masturbaba. Acá replico como le describí mi “técnica”:

 
- Me fascina el sexo, sin embargo, no me resulta placentera la “encamada” de una noche. Hace un tiempo, mis orgasmos están supeditados a los juegos de agua en mi baño.
¡Sí! es una fascinación desnudarme frente al espejo. Observar mi cuerpo en armonía a mis años, admito no tengo la turgencia de la mujeres de revistas pero... mis pechos no tan firmes, mi cintura no tan angosta, mis caderas algo anchas, mis nalgas generosas, mis muslos delineados me guiñan el ojo y me sumerjo en la tina a medio llenar.
Ahí que la polifuncional ducha de teléfono se presta a otras labores y el difusor de agua sale destornillado, regular la cantidad de agua destilando de la manguera -por ser tarea habitual- ya me es cosa fácil. Mi dedo bloquea pertinentemente media salida de chorro, un ejercicio practico sería hacer parangón con la posición de dedo sobre una manguera cuando riegas el jardín… jejeje… acá el agua tibia riega primorosa mi vulva ejerciendo cierta presión sobre mi clítoris… presurosa comienzo a contraerme y mi boca también participa entusiasta dejando escapar gemidos que varían en intensidad como varía la fricción del chorro sobre mi botón de placer, y como “comer porotos” todos lo días cansa, hay días que acompaño mis juegos con un juguete de penetración. En los temblores de mi mano he descubierto como mi vulva se contrae al compás de la explosión de mi orgasmo.

Le pregunté:
¿Lo sienten ustedes? ¿Sienten las paredes vaginales apretando mientras los gemidos escapan como feroces aullidos de una loba tiritando de placer sobre su miembro erecto?

Guardó silencio, continuó mirándome concentrado mientras su boca solo se movía para degustar lentamente los ostiones en queso de cabra que acompañaban nuestra conversación.

En un ataque de sinceridad, le dije…
- ¿Sabes que mi primer orgasmo fue contigo? Después de ti la experiencia se ha abultado con la variedad de amantes que sumo. Eres uno de los mejores, no el mejor, no creo que exista la categoría “el mejor”.

Sí, creo se incomodó, bajó la mirada y me interpeló que no entendía a que obedecían mis palabras, no lo sé respondí.

Después de una larga charla, nos retiramos del restaurante y estacionó fuera de la puerta de mi casa. Nos miramos, y le dije, -“bueno ahora me visto y me voy” reímos juntos… -“estamos vestidos, ¿quieres seguir conversando?”  -“Acepto”… el lugar daba lo mismo, nuestro fin era conversar.

Llegamos a un motel… él se sentó en la silla y bebía un café, yo me recosté en la cama y seguimos la charla… interrumpida a ratos por los quejidos de los amantes de la habitación contigua.

Pasaron un par de horas y tomamos nuestras cosas para retirarnos, entre la cama y la ventana quedamos frente a frente y la cama chilló cuando dos cuerpos cayeron de golpe sobre ella.

Su lengua maravillosa escarbaba en mi vulva mientras su dedo me penetraba... un sutil orgasmo afloró, pero el fantasma de aquello que me contraen en mis juegos me asaltó. Su lengua comenzó a delinear mi vientre, mis senos, a devorar mis pezones mientras sus dedos se deslizaban con maestría en mi espalda, mis nalgas, mi boca, mis orejas, mi pelo, mi perfil. me dijo... -“Sabes que hay que cuidarse, ¿verdad?”, Lo sé…respondí. Y plastificado su miembro generoso y turgente entró como bestia furiosa entre mi vulva demasiado húmeda.

Fue casi una hora de jugos y fricción de su dureza y mi concavidad contrayéndose. Terminamos exhaustos… y una sonrisa coronó mi media docena de orgasmos…“no soy yo, son ellos” pensé. Para mi fortuna, mi masturbación no había superado al coito… el asunto era mas simple, esos últimos meses, los poros receptores de mi piel andaban descalibrados.

Después de esa noche, volví a retomar mis abandonados juegos, ¡¡en hora buena!!  mi maestría masturbatoria no había superado a la comunión de un macho copulándome.

#LasPerversas