sábado, 30 de julio de 2011

A veces pienso con el Clítoris




Siempre me pareció impresionantemente fidedigna y fea la expresión que los hombres piensan con su miembro, con el cabezón... con su Hulk (o manguerita para otros). Y desde ahí las decisiones que toman siempre están marcadas por la subjetividad de la calentura y la turgencia del miembro.

No es raro que dejen a una mujer hecha y derecha porque se empotó con una pendeja (noo!!! quién dijo que me ha pasado) o que tengan aventuras de una noche motivados por un generoso par de tetas y un culo bien parado. Me parecían vanos, simplones, básicos...

Honestamente... los entiendo... y tanto! porque en realidad hay veces que pienso con el clítoris. No es siempre, mis decisiones no necesariamente están ligadas al deseo pero pueden obnubilarse por él. Tampoco eso me pasa con cualquiera pues, la verdad, y después de mucho analizarlo, no tiene que ver con el macho sino conmigo. Cuando ando caliente, hormonalmente caliente, mi deseo nubla mi razón.

Entre confesiones y confesiones les puedo contar que ahora mi clítoris manda, gime y necesita... ando caliente y mis pensamientos son perversos cada vez que converso o me roza un hombre con quien me podría encamar ¡Mis malas decisiones están ligadas a mi clítoris! el wevón se escucha mejor, se ve mejor, huele mejor y se mueve mejor. Pero al constatarlo en la cama, la verdad es que sí hay una distinción no menor entre realidad y expectativa, por lo general mi clítoris eleva a su máxima expresión a un pene y en el acto... en la cama... mientras lo toco, lo beso, lo chupo, me doy cuenta que es un pene como cualquier otro y no la maravilla o el manjar de dioses que creía mi clítoris.

Honestamente y haciéndola bien corta, quiero tirar y esa verdad hace que muchos hombres se vuelvan encamables y tirables, cuando en otro contexto no lo serían. Estoy a punto de llamar a mi ex touch&go o de pedirle a algún conocido o amigo que tengamos sexo sin compromisos, porque llega un punto que la calentura no viene sólo de orgasmear (para eso tengo mis juguetes) sino de sentir el roce y los fluidos.

Quiero que me besen, que me muerdan, que me abracen... y desde ese deseo mi clítoris manda y se contracciona. Estoy algo afiebrada... afiebramiento hormonal!!! y una buena porno con un buen consolador no cumple las expectativas que mi entrepierna, de cuando en cuando, me grita.

Ejemplos e historias tengo de sobra, pues no es una vez que me ha ocurrido... he llegado a iniciar relaciones motivada por mi entrepierna y terminarlas por el mismo lamado clitoriano que me obliga a mandarme a cambiar. ¡Sí! tengo síndrome de Olguita Marina. Así también, me reconozco con más testosterona. Mis duelos amorosos duran menos de lo que le dura a cualquier mujer y salgo a la calle a la aventura de la cama... si, soy más macho y con los años me he vuelto mucho más fría. Si decido que el tipo ya no es para mi, me doy media vuelta y olvido. Soy poco vengativa y nada rencorosa... y esa weá también juega en mi contra porque después me olvido fácil de todo lo que pasó y el ex se vuelve, en unos meses, encamable de nuevo.

Creo, férreamente, que no es exclusivo de los hombres pensar con el órgano del placer y por eso digo que pienso con el clítoris. El clítoris es mi botón de éxtasis... sin él me cuesta orgasmear. Sí, la contracción pélvica tiene que ver solamente con la fortaleza que mi botón late acompasadamente a la erección del pezón. ¡¡Sí! las mujeres también nos calentamos! ¡también somos fáciles!

No me den un par de tragos cuando ando así. El alcohol me desinhibe y cuando ando caliente es el botón de encendido. Con un par de tragos y un tipo que me roce parezco gata en celo cómo me lanzo, cómo me pongo al lado, cómo me contorneo, me muevo, me caliento con el olor a un buen perfume mezclado con cigarro... ya! para muchas no será un olor calentón pero a mi me pone a mil.

Okey, me reconozco machito, caliente y sí, también pienso con mi miembro... que en mi caso es un botón precioso que vive en mi entrepierna y que, a lo menos un par de veces, se toma el control y descontrola mi cuerpo y mis ganas.

 

#LasPerversas

sábado, 23 de julio de 2011

Una Relación Perversa

          En la época en que messenger era el principal medio de comunicación virtual, conocí a una chica algo extraña que estaba absolutamente obsesionada con su ex novio. Habían terminado hacía más de un año, pero ella seguía buscándolo a pesar de haber iniciado una nueva relación. En una de sus últimas conversaciones él le dijo que estaba saliendo con alguien y ella quería saber si era cierto o si se trataba sólo de una estrategia para alejarla definitivamente. Fue entonces cuando ideamos el peor plan que se nos pudo ocurrir.

    Yo lo agregué a mis contactos durante la tarde y alrededor de las 9 de la noche comenzamos a chatear . El tipo era muy interesante y aprovechando que  nos gustaba la misma música iniciamos un juego que se extendió hasta las cinco de la mañana. Luego de eso, no dejamos de comunicarnos en forma virtual y telefónica hasta que nos conocimos personalmente un miércoles a la hora justa para compartir un almuerzo.

    Cuando lo vi, me pareció demasiado corriente y mal vestido; además, usaba el pelo rapado desde que en el trabajo lo obligaron a dejar atrás su pasado rockero y le quedaba pésimo. Definitivamente no era atractivo ni era mi tipo, pero no podía olvidar lo mucho que me atraían las ciberconversaciones, ni podía dejar de mirar y fantasear con sus manos de guitarrista experto.

    Desde ahí todo sucedió muy rápido. El jueves me invitó a almorzar fuera de la ciudad y el viernes nos vimos en un carrete con mis amigas, al final del cual ofreció llevarme a mi casa. Antes de llegar le dije “detén el auto, quiero conversar contigo”, a lo que cómplicemente accedió. Ni siquiera recuerdo qué hablamos, pero en algún momento mientras sonaba “Blues” de Rata Blanca comenzamos a besarnos apasionadamente, como si la mecha de un explosivo se hubiera encendido. Inmediatamente sus manos comenzaron a moverse delicadamente bajo mi camisa, deteniéndose en mi cintura y mi pecho...me tenía a mil...él estaba peor...No podíamos dejar de besarnos, de tocarnos, de sentir esa fuerza con la que el uno se aferraba al otro...

    Las semanas siguientes fueron de largas sesiones de besos apasionados, hasta que en algún momento de excitación irresistible decidimos irnos a un motel y tirar por primera vez. Al principio no sabíamos bien qué hacer, pero la atracción que había entre nosotros era fulminante y a los besos y caricias irrespetuosas le siguieron días interminables de sexo animalmente salvaje. Afortunadamente, tanto él como yo podíamos disponer de nuestro tiempo. Cada mañana me recogía cerca de mi casa y me dejaba en mi oficina mientras él iba a la suya, yo organizaba el día y esperaba que pasara a buscarme para irnos a su departamento.

    Apenas entrábamos solía tomarme del pelo e hincarme frente a él para que lamiera su pene erecto hasta que acababa sobre mí. No hubo rincón de ese departamento en que no sexeáramos. Ni hubo fantasía que no realizáramos. Mientras, yo le decía cómo vestirse, cómo hablar, cómo enfrentar a las personas, lo obligué a dejarse crecer el pelo y le regalé cremas para la cara, para las manos, para el pelo y para el cuerpo. Quería que estuviera como yo deseara, era mi juguete: lo hacía a mi manera y me satisfacía sexualmente.  Al cabo de unos meses se había transformado en un hombre exquisito, muy distinto del que conocí esa tarde de miércoles.

    Por mi parte, luego de esos días cargados de sexo llegaba a mi casa y tiraba con el hombre con el que vivía en ese momento. Dicen que la lujuria llama a la lujuria. Él me atendía y regaloneaba pensando que yo había trabajado toda la jornada, sin saber que habían sido otras manos las que habían recorrido generosamente ese cuerpo que él creía propio. Era el paraíso, dos buenos amantes y buen sexo muchas veces al día. Cada uno tenía lo suyo, pero lo cierto es que eran muy parecidos...hasta el nombre tenían igual (así no me equivoco pensé).

      Luego de un tiempo me aburrí de que me fuera a buscar y a dejar a todos los lugares, además, me cambié a un trabajo de esos en que una marca la entrada y la salida, así que nuestras posibilidades de sexear se redujeron. Fue cuando conocí el sexo virtual y el sexo telefónico, que aunque me hacían orgasmear, no era lo mismo. Le dije que ya no quería más y él se obsesionó: un fin de semana apagué mi teléfono y cuando lo encendí el lunes tenía 72 llamadas perdidas. Llamadas que continuaron aumentando según transcurría la mañana. A mediodía se apareció en mi trabajo y me obligó a conversar con él, lucía demacrado. Me dijo que estaba saliendo con otra mujer y que ya no me quería; que ella era una rubia hermosa con la que siempre quiso pololear y que aprovechó la oportunidad que le otorgó su cambio de imagen.

      Me confesó que seguía perfumando su almohada cada noche con mi olor para soñar que estaba conmigo, pero que esperaba romper pronto esa costumbre. Me dijo que le dolía mucho entrar a su departamento porque en cada rincón habían recuerdos míos y que seguramente se cambiaría al de su nueva mujer. Me odiaba, a esa altura de la vida me odiaba y deseaba que el  infierno se abriera para recibirme.

    Cuando se fue me quedé un poco triste, un poco herida en el ego porque sabía que andaba desde antes con esa mujer y sentí que ella había ganado, aunque fui yo quien no quiso continuar. Sin embargo, el mensaje “te extraño, le regalé tu perfume. Necesito cerrar los ojos y sentir que eres tú” me devolvió mi condición de Perversa.


viernes, 15 de julio de 2011

Los orgasmos que no afloran, sólo están prisioneros





Evoco el recuerdo atemporal de una noche… me susurró al oído “eres un hembra exquisita”. Me colgué del iris de su ojos, y una mueca torcida evidencio ante mi amante las elucubraciones que azotaban mi cabeza. Hice un repaso mental de los juegos entre las telas que friccionaron nuestras pieles desnudas, sus ojos inquisidores buscaban estimular mi lengua, a algo más que retozos, sus ojos pretendían  alentar que mi boca voceara mis elucubraciones.


Nos quedamos en silencio, impávidos, nos amamos los segundos precedentes, al momento en que su cuerpo mancillado con mis fluidos cerró la puerta tras de sí.


Reconocerme hembra sexuada fue resultado de peregrinar sobre mi propias carnes trémulas, vergonzosas, fue dejar de ahogar mis espasmos y quejidos por temor a parecer un maldita puta.

No me avergüenza decir hoy que me gusta gozarme en el sexo, no soy acróbata, ni mi cama es un piscina olímpica donde realizar cuanta acrobacia acuática en fluidos sea posible, sin embargo he comprendido que tengo absoluto control y DERECHO de complacerme.


No me avergüenza hoy admitir que crecí medio castrada, el placer sexual estaba implícitamente negado. Soy hija de hombre bruto, de aquellos que su masculinidad la expresan bajando el mérito de “niñita mujer”, hombre de boca borracha en pipeño y que carga más dolores en el alma que en sus manos heridas por el torno con el cual forjaba aceros.


“Todas las mujeres que he amado han sido maracas, la única casta que he conocido fue mi santa madre”   creo  es una de los versos más recurrente que se anidaran en mi consciente… “no disfruto el sexo, no se lo que es un orgasmo, creo que ese hubiese aflorado con el único hombre que amaré mi vida entera” lo oí una vez que espiaba tras una puerta las confesiones de mi madre.


Así, sin más, fui construyendo una aversión al placer sexual, mezclado con las letras tristes que cantaba mi boca cuando me veía reflejada en un espejo de marco gris… no se qué sino carga mi estrella, que crecí sintiéndome extraña y distinta, ajena en un prado donde todas las hembras eran margaritas, rosas y lirios y yo metiche cardo que había mutado hasta cargar espinas en el tallo.


Irónica visión me hacía erguir muros insoslayables entre ellos y yo… maldecía la hora de ser oruga, cuando ellos me veían como mariposa con alas de seda. Sólo los años me enteraron de tales admiraciones… Qué ganas de escupir las manos de todos aquellos que a fuerza de guardar silencio sólo alimentaban el voraz monstruo de la degradada autoestima.


Mi primera vez… tenía ya veinte años… era el hombre indicado, denostaba la condición de mujer tal cual había oído de mi padre, las mujeres que han copulado son “maracas”,  gasté siete años de mi vida odiando mi entrepierna, me quedé al lado de él, por la providencia! Si me ha conocido en pureza y me vilipendia, que he de esperar de otro macho que me penetre ya desflorada?… me gasté las horas de sábanas,  los días de caricias, apretando los dientes y esperando que concluyera pronto.


Un día le expulsé de mi vida y me prometí consagrar mi cuerpo a la castidad, era mujer que cargaba un  clítoris de sobra… la negación se extirpó el día que mis brazos se reencontraron con el tierno amor de infancia. Al primer contacto sutil de sus dedos, a la primera humedad de su lengua rodeando mis pezones estallé en espasmos, llanto y gemidos… con ese hombre nos regalamos orgasmos maravillosos que prometimos disfrutar la vida entera… a veces la voluntad se doblega cuando falla “lo doméstico”. Hay mucho de él que aún me mal atrapa, sin embargo, los años que compartimos respiraciones y sueños, despertaron mis membranas, mi piel, mis ojos, mis rincones, mi lengua, la yema de mis dedos, mi clítoris…si.. aquel preciado brote que se entrega a lenguas y dedos del que me enardece con maestría.

Un día fui parida por segunda vez… y entre aquellas nuevos dones, dolores y causas que apuñé en mi mano, había una promesa… soy sexuada, acaloradamente orgásmica y virilidad que me apetezca, me consiga, me descubra, me despierte… me pertenece las horas que nos “amemos”. Exploto, gimo busco, exijo y me entrego… soy mujer, soy maraca, virgen, puta, mal nacida, beata, maestra… soy todas y ninguna… soy la que me apetezca ser y desde mi placer reconocido puedo hacer vibrar al macho que tenga sujeto a mi lengua.


#LasPerversas

viernes, 8 de julio de 2011

El folla amigo: ¿directrices para no perderse?



El folla amigo: ¿directrices para no perderse?






No es la primera vez que tengo un folla amigo, de hecho es el tipo de relación más cómoda para mí. Tengo sexo, la paso increíble, me visto y me voy... jamás había sido un problema.
 
Mi primer amigo con derecho a sexo fue un tipo que conocí en el colegio... nunca tuvimos nada serio, nunca salimos, nunca nada... pero de alguna forma extrañísima nos sentíamos conectados (y creo que aún lo estamos). Después que salimos del colegio pasamos de la amistad al sexo. Luego de eso, por años y años fue mi llamada de medianoche, de pasada de copas, de post carrete, de tarde de fin de semana de verano. Hasta que se acabó. No estoy segura porqué, sólo ocurrió. No se nos acabó la calentura, no se nos terminaron las conversadas eternas, ni las ganas de vernos... simplemente de un día para otro no nos llamamos más y tirar en el piso de su living ya no era un tema.

Luego vino un ex... tuvimos una corta y extraña relación que derivó en salidas a moteles una vez a la semana. Pagábamos la pieza a medias y comprábamos la Escudo a medias (Escudo debería hacernos publicidad después de todas las menciones). Debo decir que él me enseñó ciertos placeres que no creía despiertos en mí. Hasta antes de él, sí weón, me costaba llegar al orgasmo, no soy tan intravaginal sino que de clítoris y si no tengo juego previo me quedo eternamente en la calentura. Él me enseñó cómo hay que mover la lengua, el placer de un 69, la dificultad de un buen fellatio (la cosa no es llegar y chupar chiquillas), cómo conocer a tu pareja cuando está llegando al orgasmo, cómo mantenerlo a raya para que el placer dure más, cantar a Calamaro mientras me embestía... Me enseñó que si el tipo ya se fue a la cama contigo es porque lo calentaste: simple. Las trancas las tenemos las mujeres: que el rollo, que la celulitis, que el grano, que bla bla bla... no! la mina que está segura que es la mejor en la cama es la mina más atractiva del mundo.
Qué nos pasó? mmm... se enamoró y no de mí, eso pasó... así es que pasé de tener mucho sexo a 0... pf! mala cosa...

¿Luego? bueno, luego vinieron dos machos que cada uno da para un post entero, así es que no voy a contar nada por ahora, dejémoslos en stand by...

Desde ahí ya estaba virgen por no uso... una será caliente pero selectiva y no me encamo con cualquiera (ah un weón 5 años menor que yo y que me hizo mierda un sábado y domingo, pero nada más porque no tengo alma de cougar). Soy asquienta de repente... me da asco probarme zapatos en una zapatería en verano por miedo a los hongos... imagínense el resto! Bueno, la cosa es que el año pasado tuve un encuentro con alguien, mi touch&go que me servía para tener con quién tirar. Punto. No hay más.

¿Mi problema? que ese touch&go cabalgaba al mismo acompasado que yo en la cama... mala cosa... desde la primera incursión quedé temblereque como por dos semanas: no tirábamos muy seguido pero cada encuentro era tremendamente exquisito... ufff... wenos wenos... y una se acostumbró hasta que la flor se murió jajaja... no, no voy a echarlo al agua y contar qué pasó porque no viene al caso, además una no habla mal de nadie. Viene al caso que estoy sin T&G, sin llamadas moteleras, sin sexo...

Echo de menos las conversaciones cochinas, de esas XXX dignas de película softporn, donde le podía decir exactamente lo que quería que me hiciera sin pudores ni vergüenzas, porque mis dedos y mi boca bailaban al tamborileo asonante de mi entrepierna. Echo de menos decirle a alguien que estoy caliente y que quiero tirar, así no más... porque una de repente anda con la líbido por las nubes y cualquier cacha express es el máximo de los goces. Echo de menos el que podía usar juguetes y wevadas raras sin que se sintiera amenazado, para eso el weón estaba muy seguro que me calentaba más que suficiente... y bueno, sí, mi cara de caliente no me la saca nadie.

Echo de menos millones de cosas... pero sobre todo echo de menos tirar con alguien que me entendiera en el sexo... no tiene que ver con que sea una pareja de años o un simple touch&go, tiene que ver con química. No, no es amor, es deseo, puro deseo, lujuria, calentura... echo de menos que me deseen y desear, recíprocamente... de uno a uno... como iguales... como pares... Entender qué es ser par y tener interminables conversaciones de la vida entre performance...

No, no busco candidato porque, como en el amor, la química se da y no se busca, no se hace casting para ello... es ridículo y con el mal ojo que me caracteriza de seguro no le achuntaría y me tocaría un tipo de herramienta flaca... así es que ahora esperamos pacientemente que se dé de forma natural, como las grandes y buenas cosas de la vida.


#LasPerversas

viernes, 24 de junio de 2011

La Perversa Subalterna


La Perversa Subalterna

Cada vez que entro en su oficina, los primeros pensamientos que cruzan mi cabeza son eróticos. No puedo evitarlo, parada en ese umbral no puedo sino imaginarnos teniendo sexo salvajemente sobre su escritorio o en su cómodo sillón de jefe.

Y es que todo es tan exquisitamente perfecto en él, que trato de autoconvencerme que es gay, porque mis amigos gay son los hombres con más estilo y mejor gusto sobre la tierra. Así, evito pensar en que sus frecuentes frases de “luces agotada” tienen detrás la intención de hacer algo para quitarme ese cansancio.

Pero fantaseo acerca de qué pasaría si rompiera mis reglas y guardara en el cajón mis principios y decidiera tirarme a mi jefe. ¿Y si en vez de sonreír discretamente cuando él me dice que luzco agotada yo contestara algo así como  “sí, necesito un par de masajes”?¿Qué diría él? ¿Se ofrecería a dármelos o se limitaría a recomendarme un buen spa?

Ay, cómo quisiera que él me masajeara y recorriera todo mi cuerpo con esas manos suaves e impecables y me besara con esa boca dulce y educada. Con ese sólo pensamiento me erotizo completamente y no sé en que forma lo miro, pero él siempre suele reírse algo nervioso y sonrojarse mientras contesto “sí, tengo un poco de sueño”.

¿Será que puede leer mi mente o que mi lenguaje corporal me delata? Tal vez a él le pasa lo mismo. Una vez, en una reunión me descubrí coquetéandole sin querer y siento que él respondió a esos estímulos. Fue cuando se acercó más a mí que noté las señales que estaba enviándole ¿qué hubiera sucedido si hubiéramos estado solos? Tal vez esa cercanía y ese roce disimulado, esas miradas y esas sonrisas habrían terminado en besos, en largos y apasionados besos. Creo que su pulso se apuró tanto como el mío cuando rozó solapadamente mi cuerpo creyendo que nadie más lo notaba, era un secreto entre él y yo que fingí desconocer. Era necesario, había mucha gente alrededor y responder a ese gesto habría sido como encender la mecha de un explosivo.

Para hacer más fluído el contacto con él he optado por obviar a su secretaria y llamarlo directamente. Después de todo soy también la jefa de mi propio departamento, una mujer fuerte y reconocida por mi carácter duro y decidido en la empresa. Pero esta imagen se termina cuando escucho su voz, su exquisita voz de hombre seductor pero no jote. ¡Cómo me gustan los hombres educados, cultos y con clase! Me vuelve loca al punto que cada una de sus instrucciones tienen un efecto orgásmico en mí, cada vez que dice “necesito trabajar este tema contigo” o “pídele a mi secretaria que coordine la reunión de acuerdo a tus tiempos y los míos”... Dios, me derrito... tanto, que cuando hablo con él cierro mi puerta para evitar cualquier mirada indiscreta mientras gozo oyendo su voz. Quien me viera tan señora, seca y educada orgasmeando en mi sillón con el teléfono al oído.

Y es que esa es mi debilidad, soy tan autosuficiente y ganadora en la vida que en el sexo necesito ser castigada y humillada, sentir el poder de quien me genera placer y no lo tengo si no soy dominada, perversamente dominada. Nunca me había gustado uno de mis jefes, pero este está absolutamente tirable. Es justo el tipo relajado, serio y exquisito que busco; sin embargo, mi fama pública me impide tirármelo sin culpa.

sábado, 18 de junio de 2011

En cuanto lo vi



En cuanto lo vi

Creo que no existe mujer en el mundo que no recuerde su primera vez, y aunque muchas digamos que no,  la primera vez nos marca por el resto de la vida.

Me demoré en llegar a mi primera experiencia sexual. Pololié varias veces, pero no sé si me daba miedo lo desconocido, si mis hormonas andaban medio dormidas o qué diablos. El punto es que pese a que trataron de convencerme muchas veces con la tonterita cursi de “la prueba del amor” o “si no tenemos sexo es porque no me quieres” o esa frase mamona de “regálame tu primera vez” no lograron convencerme. Claro que ni tan pajarona tampoco, tenía mis juegos sexuales, creo que descubrí mil maneras de sentir placer sin tener que llegar a tener relaciones sexuales ¡¡¡la verdad es que me cagaba de susto!!!

Cada una de las amigas ya “iniciadas” me contaba una historia distinta: “que te duele demasiado”, “que sangras como chancho”, “que en realidad no duele tanto”,  “que te quedas como estatua paralizada sólo esperando que pase”,  “que no se siente nada”, “que no quedas embarazada”, “que quedas embarazada aunque uses condón”, “que el primer orgasmo de la vida es el más intenso que tendría”,  en fin,  muchas cosas que no me atrevía a descubrir por mí misma.

¡¡¡¡Hasta que en unas vacaciones lo ví a él!!!! 1,85 de estatura, rubio, ojos azules, extranjero y 10 años mayor que yo... mi Macho Alfa perfecto.  

                                    En cuanto lo vi supe que sería ¡ÉL!

Él despertó la perversa que hasta el día de hoy me acompaña. Me acerqué a hablarle, ni me acuerdo que le dije, él no hablaba muy bien español pero el lenguaje no fue problema. Esa noche me invitó a bailar. Pasamos juntos las vacaciones pero nunca llegamos más allá, quedó de ir a visitarme a mi ciudad antes de volver a su país.

Cumplió su promesa y al mes llegó a verme. Coordinamos todo y nos fuimos a recorrer Chile. No había día en que yo no pensara en buscar el momento para demostrarle que él era mi elegido, sin embargo, como fantasmas se aparecían las voces de mis amigas diciendo: “duele más que la cresta” “se sangra como chancho”, pero mis hormonas ya se habían despertado y no había como calmar a las malditas.

Una noche, en un lugar muy místico, comencé a seducirlo, él sabía que yo no había estado con nadie y noté en su mirada cuanto disfrutaba ser el primero. Prontamente fue él y sus 10 años más que yo, los que controlaron la situación, me besó por todos lados, no dejó centímetro de mi cuerpo sin ser acariciado. Me preparó de una manera maravillosa y nos entregamos al más exquisito de los placeres. Me regaló un orgasmo maravilloso y me trató con una delicadeza inpensada, al otro día me trató como una reina, me cuidó, me mimó. Me besaba a cada rato, después de eso mis hormonas ya no sólo estaban despiertas sino que totalmente enyegüecidas y exigieron a gritos pasar al sexo real, donde fuera y como fuera. Lujuriosos a más no poder, yo tenía que ponerme al día y lo hice, ¡¡¡¡vaya sí lo hice!!!!

¡¡¡¡Descubrí las maravillas de mi clítoris, los regalos benditos que son los pezones, descubrí que me calienta en extremo que me muerdan el lóbulo de la oreja y lo placentero que es el sexo de pie antes de la ducha, durante la ducha y después de la ducha!!!! Descubrí que una de  las cosas que más me excitan es hacerle sexo oral a un hombre, ver como se van transformando de juguetones hasta perderse completamente en el éxtasis del orgasmo.

Descubrí muchísimas cosas, pero la principal de todas es que no me equivoqué, y si en algo me marcó esa primera vez (aparte de los múltiples orgasmos) es que de ahí en adelante me tiro a quien ¡¡YO QUIERO y porque YO LO ELIJO!!

viernes, 10 de junio de 2011

La que con fuego juega...


La que con fuego juega...

En mi mundo de perversidades estoy consciente que mi juego muchas veces puede ser con fuego y por ende, está claro, que me puedo quemar. Ese mismo conocimiento de la quemadura, sin importar cuan dolorosa sea, añade emoción, morbo y el toque de perversidad, que hace que la adrenalina fluya por mis venas haciendo que me arriesgue sin importar las consecuencias. A pesar de esto nunca me he quemado, o eso creí hasta esa madrugada.

Mi último juego con las llamas, Cristián, aún me tiene tiritando entre emoción, miedo, alegría pero por sobre todas las cosas, pasión.

A propósito con el posteo de una de nuestras perversas amigas “A Yegua Experimentada… ¿Pasto Tierno?”, Cristián es menor que yo... ¡10 años menor que yo! Y no, no me importa. De todos los hombres que conozco, puedo decir sin miedo a equivocarme, que es él precisamente el que más madurez emocional tiene. 

 

Nos conocemos hace 4 años, cuando tuvimos un breve romance el cual nos llenó de amor y por cobardes huímos los dos. A pesar de que nunca nos volvimos a ver, el recuerdo de ese romance estaba impregnado en mi piel cual tatuaje. En recientes días nos volvimos a encontrar y para mi sorpresa él me recordaba de la misma manera que yo a él, inteligente, buen conversador, gracioso, entretenido y sobre todo: BUEN AMANTE.


Después de varios días de plática cibernética, decidimos encontrarnos en persona, para conversar, mentira que los dos nos fijamos, pues teníamos claro que nuestro encuentro sería sexual y la conversación, si se daba, sería un añadido.

Llegó a mi casa, me besó la cara y su abrazo fue lento y lejano. La conversación entre copas de vino se tornó muy interesante y por unos instantes olvidé que quería devorármelo a besos y tener sexo desenfrenado con él hasta quedar inmóviles. De repente puso su mano en mi pierna,                                   
“Quiero tocarte. me dijo. 


Sentí como la sangre invadía tanto mi cara como mi vagina. 


“Me estás tocando. le contesté pues no se me ocurrió otra cosa.


“¡No! Quiero tocarte.” me respondió y se acercó peligrosamente a mí.

Nos besamos, y ya no pensaba en lo interesante que era la conversación. Mis pensamientos se habían transformado en pasión, lujuria, sexo.

Entre la mezcla de besos, rozaba sus manos por mis senos, y mi excitación se agrandó. Me quité la camisa e hice lo mismo con la de él. Mis senos buscaron su piel, y se dio cuenta de cuan caliente estaba yo; mis pezones me delataron.

Lo tomé de la mano y lo guié a mi habitación, y ahí estaba mi cama que ya había sido testigo de nuestra pasión. Me recostó y desabrochaba mi cinturón, pantalón, cierre de mis botas con un cuidado extremo, como si no quisiera perderse ni un minuto de lo que observaba.

Sus manos buscaron la humedad de mi vagina y lo cuidadoso que era cuando me desnudaba se le quitó. Arrebató los calzones de mis piernas de un tirón. Enterró su cara en mi sexo, que latía ante la presencia de su lengua y las succiones. No recordaba cuan experto es en el sexo oral Cristián y me encantó que lo fuera. Orgasmo tras orgasmo su lengua seguía jugueteando con mi clítoris y sus dedos buscaban dentro de mi vagina para hacerme explotar una vez más.

Me besaba todo el cuerpo oliendo a mí, sabiendo a mí. Me miró fijamente, mientras sobre su cuerpo yo lo besaba, me agarró la cara y me dijo:
“¡Eres hermosa!”

Sentí las llamas, más no las de la calentura que me llenaba, si no las llamas del juego con fuego. Para apaciguar mi pensamiento le dije entre gemidos que era “mi cara de caliente” mientras él repetía que no era eso y yo lo silenciaba con mis besos hasta llegar a su pene.

Me entregué, sus gemidos unidos a los míos, mi humedad, su pene bien erecto, nuestro ritmo  me hizo olvidar en aquel momento que era sólo sexo. Sentí su pene entrar en mí y fue un orgasmo instantáneo. Lo quería así, sacando mi hembra animal ante ese macho excitado sobre mí y así olvidar que estaba jugando con fuego. Nuestro ritmo, perfecto, sincronizados. Un orgasmo tras otro... Me faltaba la respiración y sentía como mis ojos se daban vuelta quedando blancos.

“¿Sabes cómo le llaman los franceses al orgasmo?”  me preguntó mientras apaciguaba sus movimientos.


Y entre un último gemido de ese orgasmo y con mi mejor acento francés le dije:
                                   “Le petit mort”

Nos reímos y abrazámos.


Abrazados conversábamos de lo mucho que nos extrañábamos, de lo bien que se sentía estar así abrazados. Sí, me estaba quemando en mi juego, lo sabía pero no quería darme cuenta. Cristián me olía, la cara, el cuello y así me volvía a excitar. Los besos comenzaban suaves para pasar a devorarnos los labios, las lenguas con desespero. Y el sexo... el sexo se hacía más intenso cada vez que comenzábamos un nuevo momento. Me di toda, mi confianza fue suya, no hubo pudor, no hubo reclamos, no hubo un NO. Esa madrugada todo entre los dos fue válido. ¡TODO!

Fueron cinco horas de lujuria, de sexo, y sí, de amor. Esa madrugada me sentí la mujer más hermosa del mundo, la más deseada, la más inteligente, perfecta. Me sentí su única.

Hoy me doy cuenta que la perversa que juega a propósito con fuego, porque es entretenido, porque la mantiene viva y le revuelve la adrenalina sabiendo que su inteligencia no la dejará quemarse, se quemó. Y tiene las manos heridas llenas de un amor que fue pero que nunca será. Las vendas serán temporales, las quemaduras las curará el tiempo y volverá a jugar con otros fuegos. La noche de amor, la noche que Cristián la hizo sentir hermosa, será la cicatriz  permanente que tendrá por atreverse a jugar sabiendo que se iba a quemar.